España pende de un solo diputado

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

En el hemiciclo y en centros de poder económico se mezclaron el jueves el miedo a las políticas erróneas y la perplejidad por el rechazo del PP a los ajustes del Gobierno

30 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Tanto prestigio y tanto poderío económico de España para concluir, el pasado jueves, que todo dependía de un solo voto. Con que un solo diputado se hubiera dormido ese día, o sufrido una apendicitis aguda o, más fácil aún, bastaba con que se hubiera equivocado al votar, para que el cataclismo llegara: caída inmediata del Gobierno y, lo peor, desplome de los mercados y encarecimiento súbito de la deuda y de los tipos de interés. Un drama-país destruyendo el crédito-país, el que pueda quedar.

En el hemiciclo y en los sectores de decisión económica, se mezclaron miedo y perplejidad. Miedo por el riesgo que se corría y por la política errónea que nos ha conducido a aquí. Perplejidad por la decisión del PP de votar en contra. «Nos abstendremos, o no se entendería ni en España, ni en Europa», confiaba dos días antes un destacado parlamentario popular. Pero entonces llegó Rajoy y mandó cambiar ante el desconcierto de los suyos y de los líderes económicos del país. Como le recordaron los empresarios catalanes ayer, esto no parece que sea tener sentido del Estado. «Prolongar la agonía del Gobierno solo unos meses, como hace Convergencia, no parece que sea tener sentido del Estado», replicó Rajoy en la reunión.

Las encuestas reflejan la caída de intención de voto para el PSOE, que ha tenido que cambiar de golpe su política. Y todo parece indicar que la seguirá cambiando porque ahora el FMI le reclama la reforma laboral y del sistema financiero, siempre aplazadas. El Periódico de Catalunya cuantificaba ayer ese retroceso en treinta diputados con el PP cerca de la mayoría absoluta. Pero con dos particularidades: el único que crece en valoración es Duran i Lleida con Rajoy bastante atrás y Zapatero a la cola y con alguna esperanza para los partidos pequeños beneficiados por el desencanto de los grandes. Albert Rivera, líder de Ciutadans per Catalunya lo resumía ayer así: «Creceremos, porque la gente no entiende ese cambio de papeles. El PSOE hace lo que tendría que hacer el PP si gobernara y el PP se comporta como si fuera una oposición de izquierdas. El mundo al revés».

Solo faltó la sesión del lunes en el Senado con Montilla intentando promover una renovación del Tribunal Constitucional -que ya es hora-para salvar el Estatuto. La foto de Montilla hablando en catalán en la Cámara alta con Chaves, andaluz como él, siguiendo el discurso por traducción simultanea, deleitó a varios periódicos que se volcaron en calificar la escena como «esperpéntica». El mas gráfico, como siempre, el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, hombre ingenioso y prudente, excepto en carretera, que se sinceró así: «Voy a tener dificultades para contarle a mi madre lo que hemos hecho esta mañana en el Senado».

Mientras el país colgaba de un voto, el jueves, en el corazón de la cuenca minera asturiana, la princesa doña Letizia invertía toda la mañana conociendo una realidad esperanzadora: centenares de escolares vendían los productos que ellos mismos fabrican en las cooperativas de las escuelas asturianas y que después llevan a un mercado. La Princesa paró, habló y compró en cada uno de los puestos de venta y conoció los «inventos», realmente innovadores de otros escolares de enseñanza media. «Me ha impresionado lo que he visto», comentó doña Letizia, consciente, como dijo en su discurso, de que esa semilla en los escolares asturianos es una garantía de futuro para una economía en situación delicada. Fue esa, probablemente, la única noticia esperanzadora de la semana, una imagen válida para el futuro que quiere escapar de las agonías del presente.

Estamos en tiempos difíciles y pueden serlo todavía mas en los próximos meses con una huelga general esperando a la reforma laboral mientras el mapa de las cajas de ahorros se adelgaza a base de cirugía de urgencia. Muy difícil lo tiene el Gobierno para no convocar elecciones anticipadas en febrero, en cuanto no le aprueben los Presupuestos Generales del Estado para el 2011. Pero no quiere sumarlas a las catalanas en noviembre como propone Rajoy y rechaza Duran. Es cuestión solo de meses, pero ese es tiempo suficiente para ganar o perder la credibilidad.