«Eran uno flojos, que a menudo se desmayaban mientras hacían la instrucción». La frase es de César, uno de los ex guerrilleros de las FARC que colabora con la Comisaría General de Información.
Los confidentes afirmaron que para los etarras era una verdadera tortura participar en las dos horas de actividad deportiva con las que se empezaba el día en los campamentos de las FARC. Aunque casi más tortura eran las nubes de mosquitos, que obligaban a los guerrilleros a realizar continuos viajes a poblados cercanos a comprar repelente de mosquitos para sus huéspedes terroristas.
Un confidente narró a la policía española las vicisitudes de Iñaki Domínguez Atxalandabaso cuando en el verano del 2007 acudió a la selva venezolana para dar un curso de explosivos. «Recibió muchas picaduras de insectos y Pizarro (el jefe del campamento de las FARC) tuvo que encargar a alguien que fuese a comprarle repelente. Además, estuvo dos días con diarrea e, igual que antes, hubo que ir a comprar medicamentos para él».