Si hay que ir se va, pero ir por ir...». Mariano Rajoy confirmó ayer que el PP acudirá a negociar con la comisión interministerial anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero, aunque está convencido de que será «una pérdida de tiempo». El líder de los populares aseveró que ni siquiera se ha planteado quién compondrá la delegación de su partido. Más que nombres, de lo que quiere hablar el máximo dirigente del PP es de contenidos, porque teme que tan solo se trate de una estrategia para «distraer la atención» de los problemas reales, como los 4,4 millones de españoles desempleados. Rajoy, en consecuencia, reclamó a Zapatero que explique qué pretende con esta comisión, qué quiere hacer y qué va hacer. Lo que quedó claro es que el máximo dirigente popular afronta esta nueva iniciativa del Gobierno con escepticismo. «Ya se sabe que quien quiera que algo se pierda o no se haga nada, lo que debe hacer es meter los papeles en un cajón o solicitar que se abra una comisión», recitó. El líder de la oposición, acompañado por una sonriente Esperanza Aguirre, ofreció una singular rueda de prensa durante su visita a un centro de mayores en la localidad madrileña de Las Rozas. Y fue peculiar porque los informadores compartieron sala con medio centenar de usuarias del centro que se encontraban haciendo macramé, encaje de bolillos y otras actividades plásticas. «Ayer me tragué todo el debate», espetó una de las mujeres. «Eso muestra que usted tiene sentido del humor, y es importante tener sentido del humor», respondió Rajoy. Ayer tocaba hablar de las sensaciones que tenía el máximo dirigente popular tras su cara a cara con Zapatero. Rajoy no se consideró ni vencedor ni perdedor. «Ayer representé el sentir y el deseo de muchos españoles», en referencia a su afirmación de que «así no podemos seguir dos años más». Insistió en que España no está ni para retos ni para ocurrencias. Esta convicción, apuntó, impide que solicite elecciones anticipadas o que plantee una moción de censura. La única salida, añadió, es una rectificación radical de la política económica del Gobierno, adelantar los comicios generales del 2012 o que los diputados socialistas propicien el relevo de su líder. «Y el PP no puede llevar a cabo ninguna de las tres opciones», dijo.