Intención de voto para el PP: creciendo. Credibilidad: baja y estancada. En vísperas de la Conferencia de Presidentes de Comunidades Autónomas en el Senado, Mariano Rajoy ha tenido que ponerse serio con algunos de los suyos para evitar que dañen la credibilidad del PP que no crece, a diferencia de la intención de voto. Ni Francisco Camps, ni el presidente murciano Valcárcel, ni el riojano Sanz querían asistir a la cita que después de tres años plantea el residente Zapatero. Con criterio más constructivo, Núñez Feijoo incluso la había reclamado y Esperanza Aguirre aceptaba acudir aunque sea para criticar allí al Gobierno.
Hubiera sido demasiado. El pasado domingo en la fiesta de la Constitución ni uno solo de los seis presidentes autonómicos populares acudió a las Cortes. Cierto que Núñez Feijoo estaba en América y que de los socialistas acudieron cuatro sobre ocho -Patxi López, Montilla, Iglesias y Barreda-pero cero es cero. «Ni Esperanza Aguirre, que solo tenía que cruzar la calle porque su despacho está ahí al lado», comentaba sorprendida una personalidad del mundo económico. Fue un acto dominado por la presencia por primera vez del lendakari vasco, situado en el protocolo junto al presidente catalán y detrás de la presidenta del Tribunal Constitucional, y por el absentismo popular.
La imagen del PP en el acto constitucional la salvaron Alberto Ruiz Gallardón, Manuel Fraga y la presidenta del Parlamento Vasco, Arantxa Quiroga, quién se llevó, como el lendakari, las mayores muestras de afecto de los invitados. Una colaboradora suya hablaba con franqueza: «¿Que cómo nos va allí? Pues con los socialistas muy bien y con los nacionalistas fatal». Veinticinco años de ocupar el poder y la confianza en que serán veinticinco siglos dejan una huella de propietario que considera a los constitucionalistas llegados al poder en el País Vasco como simples okupas, carentes de legitimidad.
Rajoy quitó importancia al asunto allí -no podía hacer otra cosa- y Zapatero lo resaltó cada vez que se le recordaba: «Si hubiera sido al revés, ya podéis imaginar los titulares de mañana sobre el boicot de los socialistas a la Constitución. Ellos no vienen y no pasa nada». Pero sí pasa. Ocho días después no podía titularse «Boicot popular a la Conferencia de Presidentes», y por eso Rajoy se impuso ordenando la asistencia.
La Conferencia de Presidentes la creó Zapatero pero el mérito debe compartirlo con Fraga, que entonces presidía la Xunta. El aznarismo que seguía gobernando en Génova -Acebes, Zaplana, etcétera- y algunos de los presidentes autonómicos citados se propusieron boicotearla, pero Fraga, que siempre demostró más sentido del Estado que la mayoría de los jóvenes aznaristas, anunció que él sí iba. Y tuvieron que acudir todos. De modo que al tándem Zapatero-Fraga debe añadirse ahora a Rajoy.
Otra cosa es que mañana puede ser un desbarajuste porque con semejante espíritu participativo poco se puede esperar. Por todo eso y mucho más, el viernes en Madrid el presidente del Partido Aragonés Regionalista, José Ángel Biel, planteaba seriamente que «la dinámica bipartidista se está llevando por delante la herencia de la transición». Biel, actual vicepresidente del Gobierno aragonés, se preguntó «por qué no son posibles hoy unos Pactos de la Moncloa para salir de la crisis y sí en 1978, año en que el paro estaba por encima del 20% y tuvimos cien muertos por ETA solo en aquel año». El mismo se respondió: «Porque los dos grandes partidos, como dicen los chavales, van a su bola y piensan solo en las próximas elecciones».
Cualquier problema, desde la crisis al secuestro del Alakrana o la encerrona marroquí con Haidar, motiva dos versiones enfrentadas entre PSOE y PP. La política es incapaz de dar acuerdos, como el de socialistas y populares en el País Vasco. Por algo baja alarmantemente la credibilidad de los políticos y preocupa a Rajoy que la del PP se resienta. Hay que ganar pero también convencer, o el poder nace debilitado.