La prolongación de la crisis económica y el creciente descrédito de los políticos ha llevado a algunos a plantearse la necesidad de reorientar el futuro del país
08 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Ante la decepción por el escaso crédito que merecen los políticos y la mala marcha de la economía, parece aconsejable que España se reinvente. Una tarde de otoño, Jordi Pujol, en el puerto de Vilanova, observó el mar alterado y cerca de la playa troncos y porquería diversa en las olas. Preguntó a un pescador a qué se debía aquello: «Es que el mar, president, a veces él mismo se purga». Algo así debe de estar sucediéndole al país.
«No creo que antes hubiera menos corrupción -defendía esta semana el vicepresidente Manuel Chaves- sino que ahora hemos puesto más medios para combatirla y por eso se detectan más escándalos». Ojalá sea eso y que de paso tomen nota los corruptos. Extraña la petición del PP de que se declare inconstitucional el sistema de escuchas telefónicas, lo que, sin duda, evitaría algunos abusos, pero dificultaría la acción policial en el combate contra la delincuencia. El PP viene escaldado de conversaciones telefónicas casi ridículas como las de Francisco Camps y se ha lanzado a pedir esa limitación. Le pregunta el PSOE por qué, entonces, compró Rajoy, en su época de ministro del Interior, un sistema tecnológico de escuchas.
Sería conveniente en estos momentos dejar esos asuntos y plantearse una reflexión sobre el rumbo que toma este país y la necesidad de alcanzar acuerdos para prestigiar la política y relanzar la economía. Pedro Luis Uriarte, presidente de Innobasque, ha planteado ahora «la necesidad de reinventar España a partir de mayor inversión en investigación y desarrollo, pero no a gotitas sino a espuertas». Y en los Presupuestos de este año se ha reducido la cifra de inversión. O sea, al revés.
Chaves propone que para definir el nuevo modelo productivo son imprescindibles un pacto para la educación y un pacto energético que consiga que en poco tiempo la quinta parte del consumo de energía proceda de las renovables. Y así sucesivamente. Realmente si un día escuchamos a Zapatero y a Rajoy, para dar ejemplo a los suyos, concentrar sus mensajes concretos sobre aportaciones a ese debate habremos dado un gran paso e iremos escapando del barullo desesperanzador actual.
Por suerte, llegamos a un receso en la guerras púnicas del PP -atención, porque Esperanza Aguirre solo ha dado un paso atrás para tomar impulso-, aunque la capacidad interna para discrepar sigue siendo alta.
A propósito del drama del Alakrana , algunos dirigentes del PP arremeten contra el Gobierno mientras que Núñez Feijoo y Basagoiti creen que es hora de apoyar al Ejecutivo en sus gestiones y tiempo habrá para criticar después. No pierdan de vista el perfil creciente de hombre de gobierno del presidente gallego, mientras algunos de los suyos no salen del regate corto.
La resistencia de Rajoy
Pero de nuevo, a pesar del desgaste, Mariano Rajoy ha salido adelante y ha colocado a su principal competidor, aunque no declarado, Rodrigo Rato, en la presidencia de Caja Madrid sin que Esperanza Aguirre se saliera con la suya, que, al parecer, era liquidar una deuda pendiente con Ignacio González. Por cierto, Rodrigo Rato, es competidor en la sombra de Rajoy pero también de Zapatero, que ha accedido a la operación. Ya lo apoyó para su nombramiento como gerente del Fondo Monetario Internacional y se molestó, lógicamente, cuando Rato, a medio mandato, se despidió sin dar explicaciones.
«Se equivocan los que no entienden que Mariano es muy fuerte y cuando más se le presiona, más resistente es», sentencia la vicepresidenta del Congreso, Ana Pastor. La historia política reciente demuestra que tiene razón. Desde esta crónica siempre se pronosticó que Rajoy vencería en el congreso popular de Valencia, incluso cuando varios medios madrileños lo daban por liquidado. Por dos razones: por su capacidad de resistencia y por ser de Pontevedra. Es decir, por saber que Madrid no es España. Ni siquiera el resumen del país. Esperanza Aguirre, que se lanzó a competir con él cometió ese error. Pensaba que los aplausos mediáticos y en la calle de Madrid eran los de toda España. Ahora se ha hibernado para que Mariano no la apee, y dé paso a Ruiz Gallardón, de las listas populares.