El escándalo de los espías y los dosieres amenaza seriamente la credibilidad de todo el Partido Popular si no se encuentra una salida rápida al turbio asunto
01 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La guerrilla mediática de los espías y los dosieres en el PP de Madrid amenaza seriamente con erosionar la credibilidad de la formación política si no se encuentra una salida rápida al turbio asunto. Nadie duda de que hubo espionaje de verdad entre unos personajes y otros del PP de Madrid con fines desestabilizadores o liquidatorios del adversario.
Lo que se ha vivido esta semana, después de un burdo intento de implicar a las fuerzas de seguridad del Estado -patraña que desmontó con gracia Pérez Rubalcaba recurriendo a Mortadelo y Filemón-, ha sido la tentativa de relacionar a la mismísima dirección nacional del PP, o sea a Rajoy y su equipo, con esas prácticas irregulares. Se atribuye al vicepresidente madrileño Ignacio González esa maniobra, a partir de sus propias declaraciones, pero nadie cree en la hipótesis de que Rajoy esté detrás de eso. Al actual presidente popular se le pueden criticar algunas indecisiones o su particular manejo de los tiempos que en ocasiones llega a desesperar a lo suyos, pero nadie con credibilidad lo relacionaría con asuntos turbios como los que están apareciendo. «Este intento de implicar a los de arriba parece una advertencia sobre la táctica de Sansón, o sea, que pueden morir todos bajo el templo derruido, para así tratar de salvarse», asegura un empresario madrileño.
«Lo que estamos viviendo es la descomposición de un régimen», afirma Antonio Hernando, responsable de Política Municipal en la ejecutiva socialista, uno de los pocos que acepta hablar de este espinoso asunto. El PSOE optó desde el primer momento por no atizar la hoguera, seguramente porque ya ardía sola.
Para el PP, el conflicto entre los distintos personajes de su organización en Madrid llega en el peor momento, en plena campaña electoral. Alberto Núñez Feijoo, que ha comparecido públicamente en Madrid tres veces en ocho días -en varios foros-, tiene que sortear las preguntas sobre ese conflicto constantemente. Rajoy apenas se deja ver y envía vídeos grabados para mantener su presencia pública, pero lejos de la corrosiva polémica. «Lo que está pasando puede arruinar el intento de proyectar una imagen de derecha democrática y moderna personalizada en Alberto Núñez Feijoo y Antonio Basagoiti, que además se juega la vida en el País Vasco», mantiene el abogado Jose María Calviño, ex director general de RTVE.
En Madrid no hay reunión, cena o coloquio donde no se aporten datos, análisis o especulaciones sobre el fondo oscuro de esta cuestión. Según un empresario que asegura tener muy buena información, todo esto arranca del tamayazo , la compra literal de dos diputados socialistas de la Asamblea de Madrid para facilitar la llegada de Esperanza Aguirre a la Presidencia de la Comunidad. Incluso se citan los montantes percibidos por los dos diputados tránsfugas y los sectores empresariales financiadores que se habrían resarcido ampliamente de su inversión. Pero lo difícil es probarlo.
Años después, la salida de Esperanza Aguirre del puesto con destino a la presidencia del PP, camino de la Moncloa, hubiera dejado a su vicepresidente Ignacio González con la Comunidad en sus manos. Aquello se truncó porque Rajoy ganó el Congreso y a González se le buscó otra salida de lujo, la presidencia de Caja Madrid, operación en la que Aguirre se ha desgastado pero no ha conseguido, al menos de momento, situar a su numero dos. Entonces, al embarrancarse el proyecto, comenzaron la filtraciones y la difusión de las fotos de Ignacio González entrando en un edificio de Cartagena de Indias acompañado por dos hombres portadores de unas bolsas blancas que a la salida ya no llevaban.
La pregunta obligada es si Esperanza Aguirre está en esto. Y el empresario responde que «ella fue beneficiaria de la situación, porque aquello le permitió llegar a la presidencia, pero sería ahora víctima porque no participa en esta guerra de espías y dosieres». A los aguirristas les subleva que Rajoy haya ordenado una investigación del asunto, pero no hacer nada ante lo que sucede hubiera sido seguramente peor para el PP. Entretanto, Ruiz-Gallardón considera en privado que todo puede acabar en un congreso extraordinario del PP después de las elecciones europeas si los resultados no acompañan. Rodrigo Rato se deja ver para recordar que está ahí pero no volverá sino es por aclamación. Y Aznar puede intervenir para tratar de nombrar un sucesor para Rajoy.
Pero Mariano es mucho Mariano y tiene gran capacidad para gestionar conflictos, como demostró en la crisis del Prestige, donde tuvo que salvar los muebles de Álvarez Cascos y del propio Fraga, a los que el desastre marítimo sorprendió de cacería.