«Fue como un entierro: triste y sobrecogedor». Así describió una destacada dirigente del PP la reunión del comité ejecutivo que ayer dio el visto bueno a la ruptura de la coalición con UPN y la creación de un órgano constituyente que se encargará de poner en pie la nueva organización en Navarra. En silencio, el máximo órgano de dirección del PP enterró los 17 años de alianza que compartió con UPN. Ningún dirigente intervino para expresar su opinión y tampoco para oponerse al fin de un proyecto que puso en marcha José María Aznar en el proceso de reagrupación del centroderecha que impulsó entre 1989 y 1991, inspirado por Manuel Fraga.
«¿Alguien quiere intervenir?», preguntó inútilmente Mariano Rajoy tras su rendición de cuentas. «¿Alguien quiere salvar su voto?», inquirió el presidente y, de nuevo, le respondió el mutismo más absoluto de la asamblea. Ni siquiera el presidente fundador, Manuel Fraga, utilizó el turno para pronunciarse. Ya lo había hecho en la reunión anterior, en plena crisis, cuando solicitó a la actual dirección que hiciera todos los esfuerzos para impedir la ruptura y salvar la coalición. No lo consiguió y ayer se dio por vencido sumándose al óbito y haciendo mutis.
Apenas quedan en el comité ejecutivo directivos que aprobaron la fusión del PP con UPN, en 1991, y que también estuvieran presentes en su disolución oficial. Mariano Rajoy era uno de los políticos que estaba entonces a las órdenes de José María Aznar como vicesecretario, así como el actual vicesecretario de Organización, Juan Carlos Vera. Juan José Lucas estaba en la dirección en el 91, aunque no asistió a la reunión de ayer, pero sí lo hizo Jaime Mayor, que ya era miembro del ejecutivo del PP hace 17 años.
El mal rato de Fraga
Fraga no participaba en las reuniones del Ejecutivo presidido por Aznar cuando se firmó la alianza navarra porque ya gobernaba en Galicia, pero los más veteranos aseguran que tuvo que haber pasado un mal rato ayer cuando vio desmontarse uno de los pilares sobre los que se construyó la unidad del centroderecha a partir de la conversión de Alianza Popular en el PP, en 1989. En el congreso de la refundación se sumaron al proyecto los liberales de José Antonio Segurado y los democristianos de Javier Rupérez y Marcelino Oreja.
A Aznar le correspondió ejecutar la operación política diseñada por los históricos y lo hizo meticulosamente. Empezó por girar al centro en el congreso de Sevilla (1990) y eso le permitió recoger los últimos vestigios del CDS tras la dimisión de Adolfo Suárez y pactar con los regionalistas del Par, Unión Valenciana y UPN. La singular alianza de los populares con los foralistas navarros funcionó durante 17 años, hasta que un rápido conflicto se lo ha llevado por delante.