«Ningún responsable de la compañía aérea ha dado la cara», aseguraba ayer, ante el mostrador de Spanair, Gracia, una de las pasajeras que debía salir de Ammán en un vuelo de Spanair a las dos de la mañana y no pudo hacerlo hasta las 11, con nueve horas de retraso. Acababa de rellenar y entregar su hoja de reclamaciones. «Nos han maltratado», asentía otra mujer a su lado. «He perdido el enlace con Valencia, donde tenía una comida familiar importante, y ahora tengo que hacer noche en Madrid», se quejaba Amelia.
No son los únicos clientes de la compañía con los ánimos alterados. Los más enfadados eran los del vuelo JK2747 con destino a la capital húngara. ««Llevamos toda la mañana pidiendo información, pero cada vez nos dicen una cosa distinta», explicaba una pasajera. «Después de escuchar nuestras protestas sin darnos una solución, nos han llevado a un hotel para que descansáramos y comiéramos, pero yo creo que ha sido para quitarnos de la vista de los medios y taparnos la boca», señaló. También reveló que un empleado de Spanair que atendía en el mostrador le dijo que «después del accidente se retrasan vuelos por pequeñas incidencias a las que antes no se les prestaba la menor atención».
Por otra parte, en el Hotel Auditorium no solo permanecían damnificados de Spanair, sino de otras compañías que sufrieron retrasos en sus vuelos.