El fundador del PP pide que el congreso no sea «a la búlgara», mientras la presidenta de Madrid suma apoyos políticos a su tesis de que es necesario un debate ideológico
17 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La batalla de Esperanza Aguirre para disputarle a Rajoy la presidencia del PP no es solo de ideas, como ella proclama, sino que afecta también a la imagen. Y si hubiera que juzgar por lo que ayer ocurrió en el Congreso, todo indica que la presidenta de Madrid está ganando esa batalla. El protagonismo que ha adquirido Aguirre al atreverse por primera vez en muchos años en el PP a reclamar un debate ideológico es tal que su presencia ayer en el Parlamento, sin ser diputada, eclipsó al propio Rajoy, a los nuevos ministros y casi dejó en segundo plano los actos oficiales de la apertura de la legislatura. Y si Aguirre no logró ayer apoyos públicos a su candidatura, sí agregó voces, algunas muy autorizadas, a su tesis de que es necesario un debate ideológico y de que este no se debe ahogar por aclamación.
De momento, Rajoy ya sabe desde ayer que no cuenta con el apoyo del presidente fundador. «Yo no he tomado partido por nadie. No es mi papel como presidente fundador», aseguró Manuel Fraga al ser preguntado en el Congreso. Pero dijo más. El ex presidente de la Xunta insistió en que el próximo congreso del PP debe ser un cónclave «de verdad» y no «a la búlgara». Y cuando se le preguntó por lo que está ocurriendo en el partido añadió algo que sonó a regañina tanto para Rajoy como para Aguirre: «Yo dije que no era momento de peleas».
Los 600 avales
A la expectación que suscitó Aguirre contribuyó la información publicada en El País, según la cual todos sus consejeros en la Comunidad de Madrid la animaron en una reunión a disputar el liderazgo a Rajoy, algo a lo que, según el diario, ella no cerró la puerta. Aparentemente encantada con su protagonismo, Aguirre se quitó importancia ante una nube de fotógrafos. «Esto de dar vueltas a mi futuro es un gran intento por quitar de su portada el trasvase del Ebro», dijo sobre el periódico que publicó la noticia. Aseguró también que ella ya ha dicho «cincuenta veces» que no entra en sus planes presentar su candidatura en el congreso del PP. Pero su propio portavoz en la Asamblea de Madrid, Antonio Beteta, se encargaba de poner en cuestión esa afirmación. «Es bueno hablar, discutir, estudiar, profundizar en la ideología, en mejorar lo que queremos ofrecer al conjunto de la sociedad», dijo en el Congreso. Y añadió que «para eso están los congresos de los partidos, para difundir estrategias, aclarar ideas y elegir a líderes». «Ni la animo, ni la dejo de animar. Yo siempre estoy a lo que ella decida», afirmó Beteta.
«Si sacamos los 600 avales, ganas seguro presidenta». Eso es lo que dijeron a Aguirre sus consejeros. Y es que esa es la clave. Quienes secundan a la presidenta madrileña son conscientes de que ningún dirigente regional se va a arriesgar a apoyarla públicamente si no presenta su candidatura. Sería quemarse a cambio de nada. Pero, a la inversa, si ningún dirigente la apoya antes de presentar su candidatura, le será imposible reunir los 600 avales que se requieren para ello. No los tendrá por ejemplo de María Dolores de Cospedal, de la que fue mentora política, y que ayer reiteró en el Congreso su apuesta por Mariano Rajoy. «Tenemos un partido democrático, tolerante y abierto, donde cualquier persona puede presentar su candidatura, incluida, por supuesto, la presidenta de la Comunidad», señaló Cospedal para contrarrestar a quienes piden más democracia interna y participación de las bases en la elección del presidente.