Fue la noche en que los tres perdieron. El gran derrotado fue Gallardón, que además sufrió una verdadera humillación delante de su encarnizada rival. Por si tenía dudas, le ha quedado claro que no cuenta con apoyos en su propio partido, en el que lleva militando 30 años. Tras anunciar que se retiraba de la política ha reconsiderado su decisión y, según ha revelado Manuel Fraga, le ha prometido que seguirá. Su futuro en el PP es muy negro.
Pero la aparente triunfadora, Aguirre, también ha salido malparada. Estaba dispuesta a dejar la comunidad con tal de que su adversario, Gallardón, no cobrara ventaja en la supuesta sucesión de Rajoy. El mensaje que ambos han trasladado es que les importan más sus carreras políticas nacionales, su ambición, que su líder, su partido y, lo que es peor, los ciudadanos de Madrid que les han votado hace ocho meses de forma masiva. Por último, Rajoy ha visto como el efecto Pizarro se difuminaba, la imagen centrista del PP salía dañada y aparecía como un líder débil que cede ante Aguirre.