Las cárceles acogen a 1.400 presos con más de 60 años

Carlos Mínguez

ESPAÑA

El 2% están envejeciendo entre rejas

16 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

El dos por ciento de la población reclusa española, unos 1.400 hombres y mujeres mayores de 60 años, de un total cercano a los 70.000 presos, pasa entre rejas el tramo final de su vida, si bien nadie muere hoy de viejo en la cárcel. En octubre pasado, un juez de Monzón (Huesca) ordenaba el ingreso en prisión de José G., de 84 años, como presunto autor de la muerte de su cuñado. El mismo destino tuvo el hombre de 78 que hace unas semanas se entregaba a la Guardia Civil tras asesinar a su esposa, de 76, en la localidad cántabra de Puente Arce. En ambos casos se sobrepasa la edad, 70 años, a partir de la cual, y según el artículo 196 del Reglamento Penitenciario, un preso puede conseguir la libertad condicional por razones de edad o enfermedad terminal. Según ese artículo, es el juez de vigilancia penitenciaria quien decide sobre la libertad condicional después de tener en sus manos un expediente cuya tramitación es iniciada por la Junta de Tratamiento del centro en el que cumple condena el penado septuagenario, y en la que están representados la dirección, psicólogos y educadores, trabajadores sociales, médicos y juristas criminólogos. «Se analiza caso por caso. Los delincuentes habituales o reincidentes tienen un mal pronóstico, como los autores de delitos muy violentos, los pederastas...», destaca José Díaz, jurista criminólogo en la prisión madrileña de Soto del Real. El expediente, según el Reglamento Penitenciario, tiene que incluir, entre otros documentos, un pronóstico de integración social del penado, un resumen de su situación penal y penitenciaria, los permisos de salida disfrutados y sus incidencias, las sanciones, si las ha habido, un programa individual de libertad condicional y de seguimiento, y el compromiso de acogida por parte de la familia, personas allegadas o instituciones sociales extra-penitenciarias. En el mismo artículo se dice que la Administración «velará para facilitar al penado el apoyo social externo cuando carezca de él». En un porcentaje elevado, según José Díaz, el juez, «normalmente muy sensible a estos casos», concede la libertad condicional. «Siempre que el delito no sea ni muy grave ni muy reciente, o que el preso no sea reincidente», recuerda María Yela, psicóloga con larga experiencia profesional penitenciaria. Existe además la alternativa de que el preso abandone la cárcel con una pulsera de vigilancia en un brazo. Edad y salud La edad es un factor que se toma en consideración, «pero no es el único», insiste José Díaz, quien apunta que el estado de salud, física y mental, es también determinante. «El pronóstico hay que relacionarlo con la actitud mental de delinquir y con la situación física». «Se tiene muy en cuenta la buena conducta, que el preso no sea peligroso, que tenga sus necesidades vitales garantizadas y una cobertura familiar más o menos estable», añade Yela, quien insiste en la «especial atención y cuidado» que existe hoy con la población reclusa de más edad.