Un ambicioso con flema británica

G. B

ESPAÑA

07 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Rodrigo Rato no es un hombre que destaque precisamente por ponerse nervioso. Su estancia en el aburrido y gris Washington ha contribuido sin duda a enfriar aún más su cultivada pose de flemático inglés. Durante la cruel etapa a la que Aznar les sometió a él y a Rajoy a la espera de anunciar su heredero de manera digital, Rato intentó hasta el último momento no mover un músculo para no perder posiciones. Pero en la partida topó con el maestro de ese juego, Mariano Rajoy, que aguantó el tipo hasta el final con cara de póker y ganó. Rato acabó postulándose y eso, unido a su molesta manía de decir al jefe lo que piensa, arruinó sus opciones.

Esa competencia no deseada estropeó también la relación entre Rato y Rajoy. En estos años, el director del FMI ha estado observando la política española con distancia. Y, al contrario que Aznar, ha reprimido cualquier deseo de intervenir en el debate. Y, con la lección aprendida, no se postulará a nada. Pero lo cierto es que si realmente no tiene intención alguna de volver a la política y desea ayudar a Rajoy tiene muy fácil hacer una declaración pública categórica y zanjar toda especulación. Y no lo hace.

En el otro lado, Rajoy sigue a lo suyo. Cara de póker. El presidente del PP no va a hacer un llamamiento público de ayuda a Rato, entre otras cosas porque eso sería su tumba política y reconocer su falta de liderazgo y de pegada. Rajoy sabe que solo lo tiene muy difícil. Pero cuenta con dos buenas opciones. Ganar las elecciones y ser presidente o volver a la apacible vida de registrador de la propiedad. Si pide ayuda a Rato sólo tiene una buena. Porque si gana así las elecciones, al día siguiente se estaría cuestionando su autoridad.