La localidad de Cahors, muy bien comunicada con España desde la entrada en servicio de la autopista A-20 a finales del siglo XX, ha pasado a ocupar en fechas recientes un lugar estratégico en la logística militar de ETA. Su importancia en el suministro de equipamiento a los comandos armados quedó de manifiesto hace cuatro años con la desarticulación a las afueras de esta ciudad de 20.000 habitantes de una célula encargada del aprovisionamiento, pruebas y transporte de material explosivo que centralizaba la distribución de los coches bomba.
El grupo se autodenominaba los Dalton, en alusión a los célebres forajidos del cómic Lucky Luke , personaje del que se encontraron tres figuritas en la casa en la que fue desmantelado en julio del 2003. Estaba integrado por Mikel Illarramendi, Zoila , Kandido Sagarzazu, Arrano y el francés Claude Recart, Kattu , responsable de la infraestructura.
Pareja homosexual
Habían instalado su base de operaciones en un chalé adosado, con desván y garaje, en un barrio residencial. Para no despertar sospechas dijo a los vecinos que era homosexual y vivía con su amigo y un compañero, a quienes presentó como representantes de un Centro de Información Cárnica.
En el registro se confiscaron 443 kilos de clorato sódico para fabricar cloratita, armas, municiones, dos cartas bomba sin cebar, placas de matrícula, material electrónico y maquinaria, con lo que perfeccionaban las capacidades operativas en un taller habilitado en el garaje.
También se encontró el uniforme de un médico de los bomberos, un proyecto de evasión de la cárcel de Rennes mediante la destrucción de un muro con explosivos y un recibo del pago de 30.000 euros por parte de un garajista guipuzcoano extorsionado desde 1996.
En la contabilidad intervenida, los Dalton tenían consignada una aportación de 5.000 euros por parte del entonces jefe logístico, Iñaki Esparza Luri, para los gastos de aquel mes. Además, habían presupuestado 18.000 euros para compras de material especializado.