El crimen del niño de Chernóbil

Manuel Costoya
Manuel Costoya REDACCIÓN

ESPAÑA

Vladimir encontró un hogar en Pobla de Vallbona, donde el lunes asesinó a un primo, a su ex novia y a la madre de ésta

02 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Vladimir Rausell vino del frío. Llegó de Ucrania a Valencia tras ser adoptado junto a su hermano pequeño por una conocida familia de Pobla de Vallbona. Era un niño de Chernóbil, de infancia complicada y madurez homicida. Esta semana cometió un macabro crimen que muchos aún intentan comprender. Los interrogatorios fueron concienzudos. Confesó durante ocho horas a la Guardia Civil todos los detalles del triple homicidio. Ante la jueza, con la misma frialdad, pero de una forma más abreviada, volvió a recordar todo lo acontecido en la noche del 28 de mayo. Rausell salió de la casa de su familia con el pelo teñido de oscuro, una mochila y un cuchillo. Se dirigió a la vivienda de su ex novia, Sandra Corral, de 20 años. Abrió con sus propias llaves y la acuchilló en repetidas ocasiones. Los gritos alertaron a la madre de la joven que intentó impedir el crimen. Murió degollada. Todo ocurrió en pocos minutos. Luego, el asesino recorrió los escasos metros que separan ese domicilio de otro que conocía muy bien. Sin pensarlo lanzó una botella con líquido inflamable a una de las ventanas de una residencia de la calle de la Parra. Su primo, su mejor amigo en Valencia, sufrió gravísimas quemaduras que le costaron la vida. Antes consiguió salvar a su madre enferma y a su abuela anciana de una muerte segura. Tenía 28 años. Los celos, confesó el criminal, fueron el móvil del suceso. Vladimir y Sandra se habían conocido en esa localidad levantina y durante dos años mantuvieron una estrecha relación, que se truncó hace dos meses. Sandra continuó su vida. Siguió trabajando en una pizzería de La Pobla de Vallbona durante los fines de semana y empezó a relacionarse con otra gente. Él no soportaba verla feliz y durante los meses anteriores al crimen intentó volver con ella y para muchos, incluso para su primo, con maneras que se acercaban al acoso, aunque ni Sandra ni su madre llegaron a denunciar este hecho. El niño de Chernóbil se había integrado perfectamente en una sociedad desconocida para él. Tenía 15 años cuando, tras pasar varios veranos solidarios en Levante, fue adoptado por una familia que se lo dio todo, incluso su actual apellido. Llegó con su hermano Igor, que curiosamente colabora con la policía como traductor de ucraniano. Los dos aprendieron el castellano y ya hablaban fluidamente el valenciano. Dicen de Vladimir que tiene un carácter reservado, que es educado y cariñoso con sus seres más cercanos. Su padre adoptivo tuvo que ser ingresado en un centro hospitalario cuando conoció el triple crimen. Ingresado en prisión Ahora el joven se ha quedado solo. Ninguno de sus amigos ni familiares se acercó ni al lugar donde se encontraba detenido ni a los juzgados cuando prestó declaración. Ayer seguía ingresado en el centro penitenciario de Picasent a la espera de su juicio. Está acusado de tres delitos de homicidio, uno de incendio, otro de violencia contra la mujer y de tenencia ilícita de armas. Sus víctimas descansan en el cementerio de la localidad, tras unos funerales que se oficiaron por separado por expreso deseo de las familias de los fallecidos.