Como estamos a 28 días de que se abran las urnas para las municipales -y autonómicas en trece regiones-, los partidos rivalizan en la tarea de aflorar historias denigrantes para el adversario. Ha habido cuatro años para librar combates contra la corrupción, pero las mejores historias se dejan para el final buscando un impacto directo en las urnas. Se comprende, porque es cierto que por unos pocos votos cae un concejal, por un concejal se pierde una alcaldía o una diputación provincial y por un diputado, sólo uno, se pierde un gobierno autonómico, como amargamente recuerda Manuel Fraga . Mientras se barre el término municipal en busca de infracciones que denunciar, en la escena nacional se atiza la hoguera con las listas de Acción Nacionalista Vasca como estrella de la discusión, aunque el cansancio general sobre la cuestión vasca y el hastío del 11-M se impongan. Acebes se prodiga en declaraciones, quizá para que no se note lo que sólo se atreven a comentar en voz baja en la sede del PP: la avalancha de peticiones reclamando la presencia de los líderes nacionales en ciudades y autonomías ha descendido drásticamente. Antes, Zaplana , Acebes y Mayor Oreja eran estrellas muy solicitadas. Ahora hay mucho alcaldable popular temeroso de que resten votos. En campaña, los moderados triunfan. Todo el mundo quiere la compañía de Rajoy , con imagen más centrada desde su comparecencia en TVE. Y hasta Ruiz Gallardón se ha paseado por Pontevedra después de triunfar literalmente en una conferencia en la sede de La Caixa en Barcelona, semanas atrás, ante un selecto auditorio catalán. El alcalde de Madrid es feliz en esas salidas porque le hacen recuperar su esperanza, nunca enterrada, de competir algún día por la presidencia del Gobierno. Pero esa esperanza sólo se apellida Aguirre . Con permiso de Rato . Y de Mariano, claro, al que no hay que dar por amortizado. Él mismo ha recordado esta semana que, si se adelantan elecciones, podría ganarlas. Pero ya le ha dicho el ABC que jugar al empate técnico, como indican constantemente las encuestas, es el camino para perder en la ruleta rusa de las urnas. De nuevo, en esa hipótesis de empate técnico, la capacidad para conseguir aliados es vital. Zapatero los tiene, incómodos, pero los conserva. Aznar les dio de todo en su primera legislatura -hasta la confidencia de que hablaba catalán en la intimidad- y el próximo presidente del Gobierno, sea quien sea, deberá contar con los nacionalistas tal y como están las cosas. Eso ha hecho resucitar a Artur Mas , que ha pasado estos días por Madrid a recordar que existe, para disgusto de Durán Lleida . Eso alienta a los vascos del PNV en su versión más moderada, la de Imaz , y da fuerza a la Coalición Canaria que pactará después del 27-M pensando, como siempre, quién le puede dar más en Madrid. Programa copiado Mal lo tiene en el archipiélago para gobernar el ex ministro López Aguilar, aunque es muy probable que sea el más votado. Coalición Canaria, y no sólo el PP, va a por él, que se esmera en facilitarles la tarea tanto como puede. El fiasco de su programa, literalmente copiado de Ciutadans, se explota al máximo. Es obvio que fue un error informático, o de secretaría, y que el catedrático que lo redactó no es un impostor que copia en los exámenes, pero conviene leerse, antes, lo que se entrega a los periodistas. Al ex ministro le pasa en Canarias casi lo mismo que al PP en toda España: que necesita mayoría absoluta para gobernar. Y eso es muy duro. Personajes como Esperanza Aguirre o Ruiz Gallardón no tienen otra posibilidad más que ganar, como Corina Porro en Vigo, o tantos otros. «La situación política gallega hace que dos perdedores como Touriño y Quintana -señala Alberto Núñez Feijoo a este periódico- actúen como ganadores, aunque el país, en sus manos, pierda oportunidades». El presidente del PP gallego, que ha conseguido una transición tranquila en su partido, pronosticada por todos como tormentosa, se muestra esperanzado aunque lo tiene, de entrada, todo en contra: su partido no gobierna ni en Madrid ni en Santiago, y ha habido que acometer una renovación generacional. Aspira a gobernar en tres ciudades en vez de una, Ourense, y a mantener tres diputaciones, aunque admite que la diferencia entre el éxito o el fracaso se librará en un margen estrechísimo de votos.