Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Espacio Gastronómico de Lavinia Lavinia nació hace siete años y es una prodigiosa tienda de vinos, con 4.500 referencias, biblioteca y «gadgets» accesorios; y que ahora ofrece un rincón epicúreo
28 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Estamos hablando no sólo de un establecimiento modélico para expender vinos óptimamente seleccionados y clasificados, sino de una institución donde las actividades docentes, materializadas en cursos, catas o viajes a bodegas, encuentran su marco ideal: allí se fomentan la cultura vitivinícola y la convivencia interpares, apasionados por el buen beber y el buen vivir. Faltaba el buen yantar para que la felicidad de los catecúmenos llegara a su cúspide, y el Espacio Gastronómico (Lavinia, Ortega y Gasset, 16, teléfono, 914 260 599), situado a popa de la tienda, cubre a la perfección las expectativas del cliente sibarita. La responsabilidad máxima de los fogones recae sobre las anchas espaldas de mi amigo Ángel García (antes, Ange), tan ubicuo y trashumante, amén de algo guadiana, como siempre. Él obtuvo su fama en el añorado Lúculo, dejó su impronta en Londres con el Alberto & Grana, recorrió los siete Mares, atracó por fin en el Realcafé Bernabéu, su última singladura conocida, tan efímera como otras, y ahora ha fondeado aquí, en Lavinia. ¿Por qué estaré yo hablando en términos náuticos, Dios mío? Porque durante la plácida sobremesa del otro día reviví mis feelings de la primavera pasada a bordo del Blue Dream, y me pareció que el Espacio Gastronómico, asomado circularmente a la tienda como un anfiteatro, era el restaurante de popa y Lavinia, flanqueada por las tiendas y marcas más elegantes de Madrid, un navío surcando las áureas aguas del consumo más chic. Pero descendamos del guindo, volvamos a la praxis y digamos, ante todo, que el cliente del Espacio Gastronómico tiene la ventaja de que puede consumir a precio de tienda el vino, tanto por botellas enteras como por copas, sin recargo por el descorche, elegir despaciosamente la botella de su predilección y trincársela sin más, deslumbrar a los coleguis, en fin, esas cosas. Hablando de deslumbramientos, no cabe duda que Lavinia, con una «tiendona» de vinos a los pies y una atalaya avizorándola, y ricos manjares a disposición del cliente, posee todas las papeletas para convertirse en un fastuoso templo del maridaje. ¿Existen tales manjares? El día de mi visita no estaba el orondo Ángel, pero me había dejado el siguiente menú: jamón de Joselito (regado por un Drappier BN Pinot Noir Zero Dosage), ensalada de tomates raff (Ossian 05), terrina de pato de foie al natural (Sauternes CH Aut.-Bergeron 03), embutidos del Ampurdán (El Trío Infernal 03), carpaccio de gambas y lubina (Woodthorpe S. Blanc 04 Te Mata), paté rústico de caza menor (Mestizaje 04), corvina con arroz negro y salsa de azafrán (Vinya La Calma 03), solomillo de liebre poivrade (Viña Sastre Pago de Santa Cruz 01) y milhojas (Tokai Oremos 6 putt. 99). Fue un menú epicúreo a más no poder, que rebasó todas mis expectativas y recomiendo a mis lectores para las celebraciones que restan. ¡Ah!, el Espacio Gastronómico, capaz para 50 comensales y comandado en sala por la amabilísima e impecable María Jesús Montouto, era, por otra parte, un remanso de tranquilidad, sin las vociferaciones y humaredas de estas festividades...