Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: PerBacco! Inaugurado hace apenas año y medio, este restaurante, italiano sin concesiones, nos sorprende en la «rentrée» con un interiorismo nuevo, más luminoso y alegre, mejor
14 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Quizá sea el propio Dionisio quien impulsa la pujante trayectoria española del sardo Ignazio Deias, quien inauguró hace unos años su Boccondivino -una apuesta difícil, o tal me pareció a mí, por su excesiva lealtad a la cocina y los vinos de Cerdeña, entonces inéditos en Madrid- y ahora posee ya un «piccolo» emporio de establecimientos, amén de los citados: Piazzeta, Dolce Piazzeta y Ma Tutti. Y no es que Ignacio haya abdicado de su ardor patriótico, pues la carta de vinos de Per Bacco!, con 70 referencias italianas y caldos del Piamonte, Trentino, Friuli, Veneto, Emilia Romagna, Toscana, Umbría, Abruzzo, Campania, Sicilia y naturalmente Cerdeña, sólo cuenta, por lo que se refiere a los tintos, con tres referencias españolas. Por cierto, del Veneto es el fastuoso Amarone della Valpolicella 2000 d.o.g. Allegrini que nos recomienda la guapa y amable (¡que es mucho!) encargada, maitre y sumiller Simona Lupi, quien vino a España con una beca para estudiar filología española y ahora es una enamorada de Madrid y de nosotros los madrileños, modestia aparte. Los ventanales del restaurante dan a la vía pública, y desde mi mesa, todo nimbado de luz, contemplo un buen trozo de la calle León: esto constituye ya un grato incentivo cuando tantos restaurantes madrileños siguen empeñándose en no mirar cara a cara a la calle, y también lo son los nuevos motivos decorativos aportados por Nacho García de Vinuesa, como los posters enmarcados de antiguas películas y artistas italianos/as que en su día nos dejaron huella, por ejemplo, nuestra universal e imperecedera Sofía Loren y la increíblemente sexy Silvana Mangano de Arroz Amargo. Claridad y luz Hay espejos redondos, muy «vinuesianos», velas eléctricas sobre apliques de frondas en hierro forjado, unas hornacinas-nichos un poco escatológicos y mucha luz, claridad, fulgor. El restaurante posee capacidad para 58 comensales, posee costumbres horarias más bien morigeradas, como la mismísima Madre Italia (13:30 a 16:00 y 20:30 a 23:30 de lunes a jueves, y los viernes y sábados la cocina permanece abierta hasta las 00:30 horas, nada menos). Dato importante: de lunes a viernes, y a mediodía, la distinguida clientela podrá acogerse a la fórmula menú a la carta, que le da opción a elegir un primer y un segundo plato cualquiera de la carta, así como postre y café, por 16,90 euros. Y...¿cómo se portó el jefe de cocina Fabricio Macciocu? Pues bien, gracias. El queso parmesano con nueces del primer approach nos estimuló saludablemente los jugos gástricos y las papilas, el carpaccio de solomillo de ciervo ahumado resultó impecable, los tomates rellenos de verduras y langostinos, sabrosísimos, los fetuccine cacio pepe con queso de oveja y pimienta me parecieron algo menos eróticos de lo que pensaba y el roast-beef frío estaba espléndido. Muy rica la pastiera napoletana recomendada por la gentil Simona, y curiosos los licorcillos italianos, limoncello, grapa... y un sardo, el mirto de Cerdeña, que me transportó de cabeza al Cala di Volpe. ¡Qué bien!