La importancia de comer bien

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Casa Nemesio En pleno apogeo del estío, en plena diáspora de los madrileños veraneantes, en pleno predominio del «cerrado por vacaciones», este restaurante está abierto y repleto

17 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Habíamos cenado la noche anterior en la terraza del establecimiento chino que venimos considerando como el mejor de su clase en Madrid, hacía tiempo que no iba por allí y tuve la desagradable sorpresa de comprobar que, al parecer, todo se había robotizado desde mi anterior visita, no sé si por el verano o por el simple tedio de sus gestores. Las camareras chinas eran muy monas y muy limpias, e incluso amables, pero su atención resultaba mecánica, no compareció responsable cualificado alguno para ocuparse de nuestro bienestar, ni siquiera al principio de la cena, y hasta los platos más sencillos como los dim sum y rollitos de primavera, algo fosilizados, reflejaban muy adecuadamente la estandarización del servicio. Y hete aquí que tan sólo unas horas después mi «pari» y yo estábamos sentaditos leré ante una mesa de Casa Nemesio (Castellana, 260, Madrid, tlfno.: 913 238 410), alborozados ya desde el principio del almuerzo por aquellos impecables chopitos perfectamente rebozados que nos acababa de traer minutos antes, «de parte de la casa», la amable Cristina Pulido, quien nos atendería de principio a fin sin perder su solicitud ni tampoco su sonrisa, todo lo cual resultaba perfectamente milagroso contrastado con la desoladora experiencia de la noche anterior. Después vendrían unas gambas blancas de Huelva y los berberechos gordos al vapor (así figuran en la carta) sugeridos por la aludida Cristina, y, como plato fuerte, un arroz caldoso de bogavante del Cantábrico: resulta curioso consignar que este grupo hostelero, fundado por Carlos Tejedor y comandado por su hijo Javier, mantiene abiertos también en agosto sus restaurantes La Maquina y Puerta 57, con idéntico éxito. Y otro inciso, ahora anecdótico: la familia Tejedor compró el restaurante Trampolí de Denia «para que sus cocineros aprendieran a hacer arroz», especialidad elegida para Casa Nemesio. Y a fe que han aprendido: lo hay abanda, negro, con verduras, de huerta y mar, «el nuestro»¿ y unos riquísimos fideos negros con sepia, así como la insoslayable fideuá. Qué gozo de carta, desde el pulpo de pedrero con patatinas a los chipirones plancha al ajillo, los calamares de potera en rodajas, las tortillitas de camarones, el percebe recortado de Cedeira, el rodaballo a la plancha o gallega¿ ¿cómo no iban a mascar a carrillo suelto los alegres comensales de nuestro alrededor? Decoración «mariñeira», con mástiles, sogas y barquitos y lámparas, no menos náuticas alumbrando las vitrinas atiborradas de pescado y mariscos, y la estalactitas de orondos jamones ibéricos al final, según se va. ¡Puf!, qué estupendo es comer bien, casi no me acordaba, o también puede ser que en verano los cuerpos y las ánimas estén menos predispuestos que en plena temporada a aceptar con resignación tanta tontuna, tanto sucedáneo como nos endilgan por ahí. Al final, con un timing perfecto, apareció todo versallesco el maitre José Martínez y me endilgó un Glenrothes...