Cuatro mesas, trece comensales

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Restaurante Skina Marcos Granda, propietario y jefe de sala; Jacobo Vázquez, chef, y tres personas más componen el elenco de este pequeñísimo restaurante, inaugurado en octubre del 2005

13 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Es éste un negocio singular y no exento de riesgo, porque, vamos a ver, ¿les salen las cuentas a fin de mes? Los responsables de la aventura parecen muy seguros de sí mismos, y transmiten tranquilidad. Jacobo, ex Escuela de Hostelería La Cónsula en Málaga y ex Ruperto de Nola en Marbella , donde le conocí, lo expresa en voz alta: «me encanta la calidad de vida que tengo ahora». ¡Y es que abren solo por las noches y cierran los fines de semana! Marcos, ex Cámara de Comercio de Madrid y, por ejemplo, ex Greenhouse de Londres, nos aposenta con soltura y luego se mueve increíblemente bien por el angosto espacio que queda entre las cuatro mesas, que, completas, arrojan la suma de, lagarto, lagarto, trece comensales. En tiempo de bonanza, como la balsámica noche de mi visita, hay un par de mesas más en la callejuela que hace esquina con este Skina (calle Aduar, Marbella, tno, 952 765 277), todavía lírica y de antiguo, mora. Las paredes del diminuto restaurante se revisten de tablas pintadas de blanco, a lo casa pescadora, sobre la pared de fondo penden unas lámparas cual lágrimas negras, responsables de la tenue iluminación, reforzada por la vela-lamparita de diseño que alumbra la mesa, y desde la barra pigmea, junto a la puerta que da a la calle, proviene una luz no menos tamizada. Tras la barra, un camarero altísimo y rubio-nórdico, enlutado, que va de acá para allá, y una cajera bajita y rubiaja inmóvil como una esfinge. Y c¿est tout. El crescendo de este concierto en do menor arriba con la aparición de la cena, que iniciaremos con un chupito de crema de calabacín y unas patatas chips a la par churruscantes y distinguidas. Después vendría el rico tartar de escorpinas, seguido de una impecable ventresca de atún en tataki con gazpachuelo de fresas y una terrina con foie con pulpo. La presentación de este plato era muy estética pero sápidamente nos pareció un anti-climax, el único: existía entre los dos forzados contrayentes una incompatibilidad de caracteres clara, el cefalópodo no sabía a nada y el foie le acompañaba en su viaje a la insipidez. Claro que enseguida rehicimos nuestras vidas devorando las muy potables gambas al ajillo (SIC) con boletus y espumas, éxtasis que superarían con creces el bogavante azul con gazpachuelo al curry y la excelente carrillera asada con canelón de patata y matanza, y de postre me papé, muy sobrio, la ensalada de frutas frescas y su granizado con helado de té moruno. La carta de vinos es más que suficiente para las necesidades de la parroquia, y Jacobo había seleccionado amablemente para mí un tinto Roda I que cubrió el expediente con mucha soltura. En conjunto, una gratísima velada. Cuando salimos, ya de madrugada, Marbella entera estaba impregnada de aroma a damas de noche y en nuestro hotel, El Fuerte, que tiene un oasis a las espaldas, un grupo de señoras bailaba castamente. Más «chorizos» habían ingresado aquel día en la cárcel de Alhaurín, pero el pueblo era feliz.