Las víctimas del terrorismo se alegran de la marcha de Peces-Barba en otoño

Melchor Sáiz-Pardo VALENCIA

ESPAÑA

El polémico alto comisionado anunció ayer que abandonará su puesto para regresar a la universidad Sólo la asociación del 11-M que preside Pilar Manjón lamenta su salida

14 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Las asociaciones de víctimas del terrorismo fueron en su mayoría muy críticas al valorar ayer el trabajo de Gregorio Peces-Barba al frente de la oficina del Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo. Todos los colectivos se felicitaron por su futura renuncia y sólo Pilar Manjón, presidenta de la Asociación del 11-M, exaltó su trayectoria. Peces-Barba abandonará en otoño su cargo después de catorce meses de mandato y de tensión con los principales colectivos de damnificados. El catedrático, que hizo público ayer su futuro cese, aseguró que su marcha obedece a su deseo de reintegrarse en la universidad una vez cumplidos sus principales objetivos con las víctimas. En su despedida, se mostró convencido de que el Gobierno no negociará con ETA hasta que la banda deje las armas, y de que no habrá canje de «paz por presos». Peces-Barba reveló que dejará su puesto al comienzo del próximo curso académico, el penúltimo de su carrera. El alto funcionario se esmeró en negar que su futura dimisión haya sido forzada por el presidente Zapatero o que sea fruto de sus enconados enfrentamientos con la mayoritaria Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) que preside José Francisco Alcaraz. «De aquí nadie me echa», dijo. La marcha de Peces-Barba fue ayer mismo pactada con Zapatero. «División de las víctimas» Las voces más duras llegaron, como era de esperar, desde la citada AVT. Su presidente resumió la trayectoria de Peces-Barba en pocas palabras: «Sólo ha buscado la división entre las víctimas». Según el líder del colectivo, el comisionado únicamente tenía como propósito «atacar a organizaciones de víctimas que no están en una posición de rendirse ante ETA». Alcaraz, que enmarcó la dimisión como «parte del mal llamado proceso de paz», dijo que Peces-Barba tenía encomendada la función de «desactivar a las asociaciones y comprar su silencio» con vistas a «la humillación de tener que ceder al chantaje de ETA». «El alto comisionado era parte de la negociación con ETA», dijo. «Mientras el Gobierno iba haciendo concesiones a la banda, como el fin del pacto contra el terrorismo o la no aplicación de la ley de partidos, el alto comisionado intentaba acallar las voces discordantes», aseguró. «Cosas buenas y malas» Menos duro, pero también crítico, se mostró Mikel Buesa, presidente de Foro de Ermua, para quien Peces-Barba no ha sido un buen comisionado, sobre todo por sus «numerosísimos errores» y su «desconocimiento» del mundo de las víctimas. «La pasión por el Gobierno le ha provocado un rechazo importante por parte de las víctimas», comentó el presidente del foro, que insistió en que su marcha «no es una mala noticia». Según Buesa, Zapatero debería aprovechar la partida de Peces-Barba para hacer desaparecer el comisionado «porque la política del Gobierno para las víctimas no necesita una oficina como ésta, de bombo y platillo, pero sin competencias ejecutivas». Por su parte, Javier Urquizu, portavoz de Covite, expresó su respeto «como persona» al catedrático, que «ha hecho algunas cosas buenas y en otros puntos podía haber hecho más». Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, fue la que más apoyo dio al comisionado y aseguró que lo echará de menos. «Lo admiro personalmente como padre de la Constitución, como presidente del Congreso y como rector», señaló la presidenta. «Es una gran pérdida por su trayectoria política y profesional», sentenció. Por su parte, la donostiarra Maite Pagazaurtundúa, presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, se limitó a desear a Peces-Barba «la mejor de las suertes en sus próximos proyectos», y reconoció que la partida del comisionado le daba «mucha pena a nivel personal».