?n la original obra de Astray se pueden encontrar reminiscencias de Botero en la corpulencia de sus personajes, aunque el pintor localizar sus influencias en dos corrientes: el movimiento renovador gallego y el expresionismo alemán. -¿Qué le deben sus trabajos a estas corrientes artísticas? -De Laxeiro, Manuel Torres... y otros pintores del movimiento renovador gallego admiro su actitud crítica, esa manera que tenían de usar el dibujo, el trazo, su modo de contar cosas. También estoy influido por el expresionismo alemán, por su actitud crítica. Mi obra trata de no ser hiriente, pero de decir cosas. -¿Tiene algún cuadro especial, preferido? -De esta exposición me gusta Sota, Caballo, Rey, que es un tríptico. También Barco de locos, que es una parodia del descubrimiento de América. -Sentimentalmente hablando ¿le costó vender su primer cuadro? ¿Recuerda cuál era? -Creo que fue una estación de tren. Y no, no cuesta venderlo, salvo que pintes una obra y la tengas durante mucho tiempo contigo. Amí lo que me interesa del arte es comunicarme con la gente, y si alguien se quiere quedar con uno de mis cuadros, estupendo. Creo que cada persona tiene «su» cuadro, es como un flechazo. Aunque sí me costaría vender un Napoleón que pinté y que tengo en casa. Ése sí. Es ya como mi abuela, de mi familia. Está hecho a la pared. -Y ahora, tras Madrid, ¿qué proyectos tiene? -He firmado un contrato para exponer tres meses en una galería de Miami a final de año, y tengo en mente una exposición en Austria con una galería de Málaga. Mi gran proyecto es pintar. Seguir pintando hasta el fin de mis días. Eso quiero.