Crónica El líder del PP asegura que no se va a callar, el presidente Zapatero resta importancia a los insultos recibidos e Ibarra vuelve a soltar su lengua
20 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?l clima político continúa caliente por lo del «bobo solemne» y los «patriotas de hojalata». Y todo apunta a que la temperatura continuará in crescendo. Por lo menos es lo que dejó caer ayer el presidente del PP, Mariano Rajoy, en un acto que realizó con afiliados de su partido en el que presentó las actuaciones que llevarán a cabo con las personas dependientes si llega al Gobierno. La polémica desatada por calificar al presidente José Luis Rodríguez Zapatero, de «bobo solemne» y la defensa pasional que ha realizado la guardia pretoriana del jefe del Ejecutivo no han amedrentado lo más mínimo al líder de la oposición, que eso sí, ayer apostó por la descalificación política en vez de la personal. «No me voy a callar, guste o no guste», aclaró ayer un Rajoy envalentonado, que anunció más caña al Gobierno socialista: «Ante el disparate, lo absurdo y la falta de atención por parte del Gobierno a los problemas reales de las personas, no me voy a callar». Y aclaró que el PP actuará con «decisión y responsabilidad» ante la política socialista. Para mantener la tensión, acusó a Zapatero de haberse dedicado durante año y medio a «cosas que a nadie le importan», entre las que citó la reforma de la Constitución y de los estatutos de autonomía. «Debe gobernar para las personas y no para los territorios», puntualizó, y añadió que el gran objetivo nacional y la prioridad del Gobierno debería ser que «la gente viva mejor». Quitar trascendencia Algo que seguro que disfruta el presidente del Ejecutivo, quien ayer, en una conversación informal con periodistas durante la tradicional copa de Navidad que ofrece Presidencia del Gobierno, quiso restarle trascendencia a los duros epítetos que le lanzó Rajoy. «Todo el mundo tiene derecho a equivocarse», manifestó Zapatero, aunque precisó que no ve actitud de rectificación en el líder de la oposición, ya que éste traspasó la línea que separa la mera crítica política para entrar en el terreno del insulto. Pero para responder al líder del PP, algunos socialistas bordearon ayer también la descalificación personal. En particular, el presidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que tachó a los dirigentes de la formación conservadora de «cretinos». Para intentar hacer daño en las filas de la oposición, Ibarra manifestó que hay dirigentes más acreditados para ejercer la presidencia del PP que Mariano Rajoy, y les pidió que den un paso al frente para poder caminar «con el PSOE de la mano en asuntos importantes». Otro que intentó desacreditar a Rajoy fue el portavoz socialista en el Congreso, Alfredo Pérez Rubalcaba, que echó mano de un símil deportivo: «En el fútbol, cuando alguien pega patadas es un síntoma de impotencia; en política, igual, cuando alguien insulta es un síntoma de impotencia, es que tiene muy poco que decir o proponer, que es el caso del señor Rajoy».