DE LA INCERTIDUMBRE A LA DEMOCRACIA Bautizado como «El Breve» por Carrillo, su reinado ha constituido un éxito colectivo sin parangón y ha logrado que haya muchos más juancarlistas que monárquicos
20 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Muerto Franco el 20 de noviembre de 1975, nacía la esperanza, en medio del temor y la incertidumbre por el futuro. Dos días después, don Juan Carlos era proclamado Rey. Santiago Carrillo le había apodado con sorna El Breve y ha reinado durante el período de estabilidad democrática y desarrollo económico más largo de nuestra historia. Treinta años después, se ha ganado a pulso que la monarquía sea la institución más valorada y que haya muchos más juancarlistas que monárquicos. Su ya extenso reinado es la historia de un éxito colectivo sin precedentes en este país. Los títulos de algunas de sus mejores biografías sirven para definir lo que ha supuesto: El Rey de un pueblo (Paul Preston), Un Rey para la democracia, El piloto del cambio (Charles T. Powell) o Un Rey para los republicanos (Philippe Nourry). Aquel niño que llegó a España en 1948, con diez años, tuvo que aguantar más de veinte hasta que Franco lo nombró en 1969 sucesor a título de Rey, después de que lo vigilara e intentara moldearlo para que fuera dócil. Supo ganarse primero la confianza del dictador, se avino a jurar las Leyes y los Principios Fundamentales del Movimiento y, finalmente, dinamitó el régimen desde dentro «de ley a ley», como le había aconsejado Torcuato Fernández-Miranda-, para vencer la resistencia del llamado búnker franquista, con la ayuda de los reformistas del régimen, Adolfo Suárez a la cabeza. Durante ese largo período de espera dio muestras de tesón, astucia, habilidad y una voluntad inquebrantable de convertirse en monarca, con el objetivo siempre presente de instaurar la democracia. Santiago Carrillo ha revelado que le confesó que había estado haciéndose el tonto todo ese tiempo y la gente se lo había acabado creyendo. El nonagenario ex dirigente comunista ha dicho en varias ocasiones que don Juan Carlos conspiraba desde La Zarzuela cuando Franco aún vivía. Nunca ha renegado de Franco, a quien calificó como «figura excepcional» en su discurso ante las Cortes franquistas el día 22. Ni una sola palabra en su contra, pero ha edificado un sistema totalmente opuesto. Como ha destacado Felipe González, «nunca actuó como rey absoluto», a pesar de que heredó de Franco «todos los poderes». Siempre había sido consciente de que la monarquía o era democrática o no sería. El 23-F se ganó a los españoles que aún no le habían aceptado plenamente. Vestido con su uniforme de capitán general, desarboló un golpe de Estado militar que amenazaba con volver a extirpar de raíz la democracia. El Rey se ha consolidado como el mejor embajador de España en el extranjero, el símbolo de un país que ha experimentado una transformación excepcional. Preston destaca que uno de los mayores aciertos de la monarquía ha sido convertirse en «una jefatura neutra por encima de los partidismos». Al margen de sus muchos méritos, don Juan Carlos se ha visto favorecido también por el consenso establecido por los políticos y los medios de comunicación de situar su figura más allá de las polémicas. Un tabú que algunos han violado informando de su vida privada o acusándolo de perjudicar a la derecha. Otros especulan con que abdicará en su hijo. Especial, «Treinta años sin Franco» en