Dios no ayudó al que madrugó

Paloma Abejón LA VOZ | MADRID

ESPAÑA

MANUEL BRUQUE

Los madrileños escalonaron ayer su llegada tras el Puente de Mayo y evitaron el caos de tráfico que se produjo el pasado viernes con la operación salida

03 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Esta vez no se cumplió el refrán A quien madruga Dios le ayuda . Después del caos que vivieron cientos de conductores para salir de Madrid el viernes y el sábado en la operación Puente de Mayo, ayer los que peor lo pasaron fueron quienes decidieron madrugar para dejar la playa y evitar los atascos. A las nueve y cuarto de la mañana, un accidente en Requena (Valencia) obligó a cortar los dos carriles en dirección a Madrid durante tres horas y provocó largas colas. Carlos y Esperanza, una pareja de Móstoles que decidió pasar estos días en Valencia, no daba crédito a su mala suerte. Vivieron el superatasco de salida el sábado y ayer repitieron y se encontraron metidos de lleno en el corte de más de tres horas en la A3 a la altura de Requena. «Hemos salido temprano para evitar las aglomeraciones y hemos tardado tres horas de reloj en hacer 30 kilómetros», cuenta Esperanza. «Si lo llegamos a saber hubiéramos aprovechado toda la mañana en la playa», dicen resignados. Un camión se saltó la mediana y chocó contra dos vehículos. El resultado, un muerto, varios heridos y los dos carriles de la A3 cortados hasta el mediodía. Pese a todo, conservaban el buen humor. «Ha merecido la pena. Han sido cuatro días de felicidad y trece horas de infierno. El balance es positivo», afirman. «Y encima vengo morenita», se ríe Esperanza. Atascos con niños Ellos lo han llevado mejor que Patricia y Pepe, pero es que, según aseguran estos, «un atasco con niños vale por dos». Su bebé de seis meses, Adrián, ha decidido ensuciar sus pañales en pleno atasco en Requena. «Ha sido horrible, no podíamos parar y el olor era tan insoportable que María -su hija mayor de cinco años- no paraba de llorar y de decir que quería bajarse. No sabes lo que es ir a veinte por hora, parando cada poco y cantando diez veces la discografía completa de los Lunnies», resume. Cuatrocientos mil vehículos salieron de Madrid entre el viernes y el sábado para aprovechar el puente más grande del año en la capital. Ayer, escalonaron la vuelta «escaldados» por las horas de retención que sufrieron en la operación salida Mayor previsión Tras el caos del fin de semana, con polémica política de fondo, todo el mundo fue más previsor. Elena y Santiago utilizaron un itinerario alternativo. «Fuimos hasta Sagunto, de ahí cogimos la A-23 a Teruel y después de Alcolea del Pinar entramos en Madrid por la A2 para evitar el follón», afirman. «Esto es como todo, cuenta Santiago, cuando un año te pilla un atasco inmenso aprendes, sobre todo si llevas niños. Yo este año le compré en un puesto a los chinos un DVD portátil para que los niños fueran viendo películas y ni se les ha oído. Se lo acoplé con unos tirantes al cabecero de mi asiento y no les hemos oído respirar», comenta más que orgulloso. En una de las áreas de servicio de la A3 en las inmediaciones de Belinchón (a poco más de 70 kilómetros de Madrid) María despacha bocadillos a ritmo de Kiss FM. «Aquí estamos acostumbrados al lío, siempre que hay puente esto se llena. Digan lo que digan la gente sale de Madrid en cuanto hay unos días y lo de los atascos no les importa. Se les pone mal humor, pero les compensa salir y salen», dice mientras sirve Coca Cola. «Lo peor es que todos quieren ir al baño a la vez», señala. No sólo los conductores tomaron precauciones para evitar los atascos, todos parecían haber aprendido la lección de la salida. Las gasolineras tenían sus neveras abarrotadas de agua (el viernes se quedaron sin botellas) y la Dirección General de Tráfico habilitó 500 kilómetros de carriles adicionales. Las patrullas de la Guardia Civil circulaban constantemente. Lo peor se vivió en la provincia de Cuenca, a la altura de Honrubia, allí se juntan los que vienen de Valencia con los que regresan desde Alicante. Durante once kilómetros hay que circular con paradas intermitentes. Luego se despeja. Rubén y Arancha, que son vecinos del barrio de Usera, llegaron a Perales de Tajuña encantados. «Es que a los madrileños los atascos no nos frenan. Estamos tan acostumbrados a ellos que no nos inmutamos», subrayan los dos. «Yo me venía riendo porque oíamos en la radio a Esperanza Aguirre diciendo que la culpa la tenía Zapatero» , dice Arancha, «¡Como si antes no hubiera atascos para entrar en Madrid los puentes».