Bono abandona la manifestación de Madrid tras ser zarandeado

Melchor Sáiz-Pardo MADRID

ESPAÑA

Bono abandonó la marcha escoltado después de ser zarandeado por un grupo de exaltados Los manifestantes corearon gritos a favor del PP y en contra de Zapatero y el regreso de tropas.

22 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Debía haber sido una multitudinaria manifestación para pedir «memoria, dignidad y justicia» para las victimas del terrorismo y en protesta contra las excarcelaciones de los etarras que no han cumplido su condena íntegra. Sin embargo, la marcha de ayer en Madrid se convirtió en una masiva protesta contra el Gobierno. Pero no hubo sólo insultos y consignas contra el Ejecutivo. El ministro de Defensa, José Bono, que asistió a la manifestación a título personal, tuvo que abandonar el acto apresuradamente después de que varios exaltados le increparan, le zarandearan e intentaran agredirle. Los ánimos estaban caldeados desde el principio. Antes del comienzo de la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en la plaza de Cibeles eran ya varios de cientos de personas, ondeando banderas españolas, las que comenzaron a gritar consignas contra el PSOE. No hubo apenas lemas contra ETA y tampoco demasiados carteles de recuerdo a los centenares de asesinados. En su lugar, los cerca de 10.000 congregados corearon lemas contra el Alto Comisionado para las Víctimas, Gregorio Peces Barba, ausente en la marcha, y contra la presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M, Pilar Manjón. Los gritos arreciaron cuando se incorporaron a la manifestación las autoridades políticas, entre ellas el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla; el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón; la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre; o el secretario general del PP, Ángel Acebes. El gentío impidió que los políticos se situaran, tal y como estaba previsto, tras una pancarta en la que se leía «Comprometidos con las víctimas del terrorismo». En su lugar, los manifestantes desplegaron una gran enseña nacional sobre la que habían escrito la leyenda «ETA, cadena perpetua». La situación se volvió tan tensa que la propia Aguirre pidió a los manifestantes tranquilidad y reclamó que dejaran el protagonismo a las víctimas del terrorismo. Sólo con la llegada de la cabecera a la Puerta del Sol la situación se apaciguó.