Ambos se reunieron ayer en la Generalitat La vicepresidenta dice que en la reforma de estatutos el Gobierno «no es rehén de nadie»
19 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La conformidad del presidente de la Generalitat con los contenidos del plan Ibarretxe encontraron pronta réplica desde el Ejecutivo central y la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, recordó que la iniciativa del lendakari «no es asumible ni por el fondo ni por la forma». Aclaró que esta es la postura «del Gobierno y del Partido Socialista», del que Pasqual Maragall y el PSC forman parte. Los comentarios comprensivos del gobernante catalán hacia la propuesta para la reforma del Estatuto de Gernika torcieron más de un gesto en el palacio de La Moncloa. De la Vega exteriorizó este malestar en la localidad barcelonesa de Sitges y apuntó que el Gobierno no va a negociar el plan Ibarretxe porque no puede dar carta de naturaleza a una iniciativa soberanista. Después de pronunciar estas palabras, la vicepresidenta primera se reunió con Maragall en un almuerzo de trabajo. El presidente de la Generalitat, tras reunirse el viernes con el lendakari en Vitoria, dijo estar «sustancialmente de acuerdo en el contenido» de la propuesta de Ibarretxe para incrementar el autogobierno de Euskadi y sólo mostró diferencias «en las formas». El mensaje al presidente de la Generalitat no fue el único que dejó la vicepresidenta en su visita. También ratificó la voluntad gubernamental de encarar las reformas de los estatutos, pero advirtió que en esta tarea «no somos rehenes ni prisioneros de nadie». Un aviso a los socialistas catalanes para que no se dejen presionar por los compromisos adquiridos en el acuerdo tripartito que firmaron con Esquerra Republicana e Iniciativa per Catalunya. De la Vega reclamó que nadie trate de «sembrar inquietudes innecesarias» en los asuntos territoriales, una aparente alusión al PP, partido que alerta de forma continua sobre los riesgos de desmembración. La portavoz de Moncloa puntualizó que el objetivo del Gobierno es la reforma de los Estatutos y de la Constitución para que España sea una nación «fuerte y única», pero también «plural y diversa». Indicó que el Ejecutivo tiene «una hoja de ruta» que guiará el proceso de las reformas en el que habrá que hacer «renuncias mutuas», dentro de un clima de sosiego.