DESPUÉS del 14-M viene el desafío de las europeas que el PP quiere superar a toda costa para reforzar la teoría de que su derrota reciente fue sólo «un contratiempo electoral». Pero inmediatamente después, el primer compromiso son los comicios gallegos, la Baviera particular de don Manuel Fraga Iribarne , invicto por el momento en su feudo. Para el primer envite los nombres de cabecera son dos: Rodrigo Rato o Jaime Mayor Oreja . Rato, de largo, es mejor candidato pero, a la vez, ya es finalista para el anhelado puesto de director del Fondo Monetario Internacional. Tiene dos apoyos confesados, el de los norteamericanos, que son fundamentales, y el de Zapatero , que poco o nada influye en el FMI. El primer apoyo le puede dar el puesto si los franceses no logran imponer a su candidato. El segundo hay que leerlo en clave doméstica: le sirve al nuevo presidente del Gobierno in pectore para demostrar que su talante es distinto al popular -«nosotros no habríamos apoyado a nadie del Partido Socialista», reconoce un dirigente de la calle Génova-y, de paso, para alejar a un potencial adversario. Un destacado socialista, que preside una comunidad autónoma española, es claro en diálogo con La Voz: «Rato, cuanto más lejos, mejor para nosotros. Apoyamos su candidatura a tope. Ojalá lo elijan». En cualquier caso, la elección o no de Rato será antes de cerrar las candidaturas a Europa, y su nombramiento servirá para despejar los nombres del trío de candidatos importantes del PP: Rajoy , que si no pierde el Congreso que se adelantará a septiembre, encabezaría el cartel para España; Rato, que si no se marcha a Washington, puede quedarse en el Parlamento Europeo con la mirada fija en la Moncloa, por si acaso, y Alberto Ruiz Gallardón, que salvo para los sectores aznaristas cada vez más delimitados, se dibuja como la gran esperanza blanca popular si Rajoy por una razón u otra se desvanece. Incluso hay quien no descarta que pudiera dimitir si en junio, en las europeas, se produce un pronunciado retroceso. Cualquier otra opción será tirar de banquillo, aunque sea a desgana, porque el tiempo de Mayor Oreja ya pasó y su caída en el País Vasco no le augura un buen resultado. Mayor quiere encabezar las europeas porque cree que ganarlas le rehabilitaría dentro del partido, pero si disponen de Rato deberá conformarse con el número dos. Son días muy confusos en la sede popular porque los acontecimientos que depara el terrorismo integrista islámico no permiten la concentración en el dibujo de los próximos meses. Pero aún así, hay gente que se ocupa de pensar friamente en los acontecimientos que vienen, entre ellos, las elecciones a la Xunta. Y en ese capítulo de preocupaciones, Madrid quiere, sin rodeos, que Fraga mueva ficha. «Tenemos todo el respeto hacia don Manuel, pero hoy ya sabemos que si no toma decisiones y sigue aplazándolas eternamente perderemos Galicia», comenta ese dirigente habitualmente brillante en diseños estratégicos. Para el sector al que pertenece, por cierto, el «alejamiento» de Aznar a la Universidad de Georgetown no deja de resultar un elemento de distensión interna para planificar más libremente el futuro. En el caso gallego, el análisis de resultados del 14-M, provincia a provincia, ciudad a ciudad, depara pistas inquietantes. Para empezar, resistir, sólo resistió con solvencia el tándem Baltar-Cabezas que, independientemente de que su relación política no es modélica, son un baluarte indiscutible. El PP perdió en Lugo, perdió en Vigo y, por supuesto, en A Coruña. Pero perdió en la mismísima Pontevedra, patria de Rajoy y de Ana Pastor . Con esos datos llevados a unas autonómicas el PP perdería la presidencia de la Xunta. ¿Aún con Fraga como candidato?, es lógico preguntar. La respuesta a La Voz es fulminante: «Aún con Fraga con el equipo actual». Gestos inmediatos La sensación es que Madrid desearía gestos inmediatos de don Manuel para que el electorado y el partido reciban el mensaje de que el inmovilismo se rompe. Unos lo sugieren con respeto profundo, otros apuestan por la intervención. Vean si no lo que sucedió el pasado lunes por la noche durante la reunión ejecutiva del PP de Galicia. Le pasaron al secretario general, Xesús Palmou , una nota indicando que el ministro Ángel Acebes quería hablar urgentemente con él. Hubo un estremecimiento general porque estos días están llenos de noticias terribles. Fraga le pidió que atendiera la llamada allí y, ante el asombro general, el ministro dijo que llamaba para interesarse por la aprobación de los pasos para contar con una policía autonómica en Galicia. Entretanto, el Gobierno de Zapatero hereda problemas. El del terrorismo islamista el primero. El desafío vasco y el amago de vasquización de la política catalana, el siguiente. La impresión es que el equipo del nuevo presidente es mejor de lo esperado y el nombre de Solbes ya justifica la afirmación. Pero algún día habrá que explicar el dinero mensual al que Solbes renuncia, con 62 años, por cambiar el puesto de comisario europeo por el de vicepresidente en España. No puede ser que un ministro aquí cobre como un director de sucursal de caja de ahorros.