«Cuando deje de ser rector seguiré siendo un precadáver»

P.L. REDACCIÓN

ESPAÑA

Entrevista | Manuel Montero Cansado de la vida a la que le obliga ir permanentemente escoltado, su deseo es dedicarse a partir de ahora al estudio, pero siempre en la comunidad que le vio nacer

17 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Manuel Montero (Bilbao 1955) anunció recientemente que no se presentará a la reeleción como rector de la Universidad del País Vasco (UPV) «harto de estar harto» de la situación que se vive día a día en el País Vasco. Miembro de la legión de los amenazados por ETA -tiene escolta desde hace años- no quiere que la institución que todavía dirige aparezca como una víctima. «Toda la sociedad vasca está amenazada y a nosotros nos ha tocado nuestra cuota». -Usted no se presenta a la reeleción harto de presiones. ¿Cuáles son esas presiones? -Yo no abandono esta universidad. Soy profesor universitario y lo seguiré siendo. Por supuesto, continuaré mi vida profesional aquí, en la Universidad del País Vasco. Mi decisión de no presentarme a la reelección no es del todo excepcional si tenemos en cuenta que en la UPV ningún rector ha realizado dos mandatos. Después, quise explicar las razones que motivaban mi decisión: el cansancio lógico por lo que para mí son siete años de gestión; cansancio que se agrava, en mi caso, porque llevo mucho tiempo con problemas de seguridad. Entiéndase: no son las amenazas las que motivan mi decisión, sino el cansancio de la vida a que ello obliga. Y, para decirlo todo, colabora también al cansancio el ninguneo al que estos dos últimos años he sido sometido por parte del Departamento de Educación del Gobierno vasco. -En el balance de su etapa como rector destaca el haber logrado la estabilidad en la defensa de la autonomía, la democracia y la oposición al terrorismo. ¿Los rectores en el País Vasco tienen como prioridad estos logros por encima de los puramente docentes? -Yo creo que estas metas son prioridades para cualquier rector de cualquier universidad española. Lo que sucede es que, desgraciadamente, esta obviedad en el País Vasco se destaca como un objetivo específico. -¿Cuándo comenzó el calvario de persecuciones que sufre usted? -El acoso a quienes defendemos la libertad y la democracia constitucional no ha empezado hace cuatro o cinco años. Yo y muchos podríamos contar circunstancias muy difíciles hace dos, tres, cuatro lustros, en una época en la que el Estado o los medios de comunicación nos ignoraban -por cierto, esto sucedió también con el PP en el Gobierno- y en las que hubo que sostener, con una profunda sensación de soledad, las instituciones democráticas, la oposición al terrorismo y el sentido común. - ¿A su juicio, qué hace falta en su comunidad para reconducir el enfrentamiento que vive la sociedad vasca? -No hay soluciones mágicas. Pero sí hay un camino: la reconstrucción del frente democrático, entre nacionalistas y quienes no lo somos; la búsqueda de espacios de convivencia entre demócratas; el reconocimiento conjunto de que el problema del País Vasco está en la existencia de una organización terrorista y de grupos totalitarios que le rodean. -Usted ha dicho en varias ocasiones que se considera un precadáver. ¿Teme que dejar el cargo que ocupa no lleve implícito el abandono de esta carga? -Tampoco lo he dicho tantas veces. La verdad: era una especie de ironía sobre mi percepción de cómo vive un escoltado. La ironía ha hecho fortuna, y, en el fondo, describe bien cómo se siente uno, cómo le ve el entorno. ¿Se acabará esto cuando deje de ser rector? No me engaño: sé que no. -Sus años como rector le han obligado a renunciar a muchas cosas. ¿Ha valido la pena? -He tenido que renunciar a muchas cosas y he tenido otras. Por supuesto, y pese a todo, ha merecido la pena. Pero que no se malinterprete: uno se rebela ante el que haya tenido que renunciar a cosas tan elementales como poder andar por la calle o ir a la playa sin escolta. -¿Se irá a vivir fuera del País Vasco? -Seguiré en la Universidad del País Vasco, ni me planteo otra cosa.