«Cabaret» convierte Madrid en el Berlín de entreguerras

Carmen Romero madrid

ESPAÑA

No se lo pierda | Estreno teatral El Teatro Nuevo Alcalá acoge desde hoy un montaje, traído directamente de Nueva York, que insiste en el lado más sórdido del mítico musical

14 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Berlín, años 30. El nazismo se germina en una capital enloquecida. El último reducto de la libertad son los cabarets, donde el alcohol, la música y el sexo se confunden en una atmósfera decadente y llena de malos augurios. Por las puertas del recién reinaugurado Teatro Nuevo Alcalá se ha colado esta ambiente de otra época, transformando su patio de butacas en una oscura sala de fiestas donde, a partir del estreno de esta noche, los espectadores pueden tomar una copa mientras asisten al espéctaculo Cabaret. El mítico musical, cuya adaptación para la gran pantalla por parte de Bob Fosse ganó ocho Oscar en 1972, llega a la capital con todos los números musicales traducido al castellano y mostrando su cara menos conocida. El público que espere recuperar el glamour de la versión de Fosse se sorprenderá con un montaje algo más sórdido y que otorga mayor importancia al convulso contexto histórico. El director Bt McNicholl ha traído esta nueva visión de Cabaret directamente desde Nueva York, donde el cineasta Sam Mendes (conocido por su película American Beauty) ha convertido a Sally Bowles, el deslumbrante personaje protagonista que interpretó Liza Minelli, en una drogadicta con escasas dotes artísticas. La televisiva Natalia Millán, con gran experiencia en el género musical, se atreve a coger el relevo de Minelli para encarnar a una mediocre cantante inglesa que se gana la vida actuando en el Kit Kat Club, el cabaret en que se ambienta el espectáculo. La actriz reconoció ayer, durante la presentación de la obra, que se ha tenido que esforzar para «no imitar» a su ilustre precursora. Manuel Bandera, como su partenaire, y Asier Etxenadia, en el papel del histriónico y ácido maestro de ceremonias, completan el elenco protagonista de este montaje que, en palabras de su director, viene a demostrar que «ninguna producción de Cabaret es igual que las otras».