España es una crónica de sucesos

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

27 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El dramático culebrón de la Costa del Sol que tiene desde hace dos semanas conmocionado al país ha servido para destapar uno de los males endémicos de la seguridad en España: la descoordinación de las distintas fuerzas policiales del Estado. En el final de franquismo, llegaron a contarse hasta once servicios de información, uno de la policía, otro de la Guardia Civil, uno por cada Ejército, otro sindical, otro del Movimiento Nacional, etc. Se reunificaron todos en el CESID, hoy CNI. Hasta entonces, algunos demócratas escaparon afortunadamente de los tribunales porque estando fichados por la Guardia Civil, por ejemplo, eran detenidos por la Policía Armada de la época que nada sabía de ellos. Pero, tras un cuarto de siglo de democracia, no es admisible que un psicópata se pasee matando jovencitas en pueblos costeros y que le proteja la descoordinación policial o el lamentable hecho de que el Ministerio del Interior no pasara el informe de la Interpol sobre el individuo. « Mariano Rajoy tiene responsabilidades en esto porque en la época era ministro del Interior», ha corrido a señalar José Blanco , número dos del PSOE. Ya se verá. Pero el problema es más de fondo. Ni trece años de Gobierno socialista, ni siete del PP , ni antes cinco de UCD sirvieron para poner a todas las fuerzas de seguridad del Estado a tocar la misma partitura sin desafinar. En el caso del presunto asesino King , sino es porque su ex esposa finlandesa da el cante y una colilla aporta pruebas, seguiría sonriendo a las chicas hasta que se descontrolara y se llevara otra por delante. No se trata de negar los progresos profesionales de la policía española, que ha tenido que librar una de las batallas contemporáneas más crueles de Europa: la del terrorismo de ETA. Narra Felipe González en privado que hacia el año 1986, François Mitterrand le preguntó cuántas víctimas de ETA se contaban. «Le respondí que, hasta entonces, más de seiscientas y se llevó las manos a la cabeza. Me dijo que la policía francesa no hubiera soportado esa sangría sin romper la legalidad en la lucha contraterrorista por alguna costura». Hoy, la policía española, con la colaboración francesa -a veces con sobresueldos de los fondos reservados españoles- tiene a ETA bastante acorralada, hasta el punto de que hay indicios de rebelión de comandos que se niegan a entrar en España porque saben que irán a la cárcel a lo sumo tras un par de atentados. En materia antiterrorista, la coordinación es mayor, pero el peligro principal sigue residiendo en los mismísimos ministros del Interior. «Llegó Barrionuevo y apartó de la dirección de la lucha antiterrorista a Manuel Ballesteros y a Joaquín Martorell . Llegó Mayor Oreja y apartó a los que nombraron los socialistas, que ya eran auténticos expertos. Y así sucesivamente. Con cada jefe que marginan hay un equipo que se va y una red de confidentes que se cae. Y a empezar de nuevo», explica a La Voz un alto cargo policial todavía en segunda actividad. Pero en la lucha contra la delincuencia común, el divorcio informativo y hasta informático entre Guardia Civil y policía es patético. Lo prueba el caso King en la Costa del Sol pero lo advierte a diario en Madrid la crónica de sucesos. Madrid ya es la capital de la Unión Europea más peligrosa. Lleva 86 muertes violentas en lo que va de año, de ellas 16 por ajustes de cuentas, entre bandas mafiosas que pululan a placer. El viernes, en un descampado de Villaverde, había dos cadáveres ejecutados. Horas después, una mujer una mujer era tiroteada desde un coche en marcha en Vicálvaro. No importa la nacionalidad: hay de todas razas, colores y pasaportes. Tanto da colombianos como rumanos, italianos o rusos. Y por supuesto españoles. Se calcula que tres mil bandas mafiosas actúan en España y todas tienen delegación o sede central en Madrid o en la Costa del Sol. El cáncer se extendió favorecido por la pasividad de los políticos. Durante toda una legislatura no se han repuesto seis mil plazas de policía nacional, a mayor gloria de las compañías privadas de seguridad. Ahora ya se han cubierto las plazas, pero esos seis mil agentes no llegan aún a becarios. Las fuerzas policiales están desbordadas y con frecuencia atemorizadas sobre todo por los mafiosos que han pasado por la guerras de los Balcanes o la guerra civil colombiana no declarada que disparan a matar en cuanto ven un uniforme cerca. Pero más allá de los muertos y de los heridos, los asaltos diarios a viviendas -no necesariamente chalés de lujo, que por supuesto también- son a docenas. En una reunión de vecinos de una urbanización de la zona de Aravaca se calculaba hace unas semanas que el treinta por ciento de las casas había sufrido intentos de asalto, en su mayor parte consumados y de forma creciente con personas dentro del domicilio. «Eso irá a más, porque ese proceso ya lo he visto yo crecer en Venezuela», comenta a La Voz un empresario gallego de la construcción que residió en aquel país varios años. Sin duda, la seguridad ciudadana va a ser campo de batalla electoral en el debate que se avecina. Hay cuestiones políticas de dificil comprensión por la ciudadanía, pero la crónica de sucesos cada días más negra y los casos como el de Sonia Carabantes y Rocío Wanninkof que se cuelan en los magazines televisivos, pueden agitar el cuerpo electoral hasta límites que acaso los partidos no han medido bien.