Madrid, Madrid, Madrid Silvia Munt reivindica la figura de la musa en su primer largometraje documental
01 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando Salvador Dalí murió, ya lo tenía todo previsto: incluso había instalado una ventanita entre su tumba y la de Gala, para que pudiesen hablar y darse la mano durante el descanso eterno. La musa de Dalí ha pasado a la historia con mala fama, y su tremenda influencia sobre el pintor -ilustrada por el episodio de los sepulcros unidos- ha sido calificada de vampírica. El primer largometraje dirigido por la actriz catalana Silvia Munt tiene por título el nombre completo de esta mujer, tachada a menudo de ambiciosa y de manipuladora, «Elena Dimitrievna Diakonova Gala», y pretende dar, según la artista, «una visión poliédrica del personaje, desde el experto hasta la gente de la calle», que desmonte su leyenda negra. Nacida, supuestamente, en Kazan (Rusia) en 1894, Gala abandonó a su marido, el poeta surrealista Paul Eluard, cuando conoció a un jovencísimo Salvador Dalí. Junto al pintor vivió «una relación atípica, con profusión de amantes por uno y otro lado, pero también con un grado de amor superlativo», según la directora del documental, que culminó en 1982 con su muerte en Cadaqués. Silvia Munt, que en el 2000 ganó el Goya al mejor cortometraje documental con Laila, define su película como «una trenza de realidad y ficción en la que se alternan las entrevistas a conocidos de Gala con evocaciones de su imagen a traves de las cartas de Eluard o los escritos de Dalí». Deshechando las lecturas negativas, la artista catalana reivindica el papel de Gala como «musa espiritual que no vive de los hombres sino para los hombres». Y es que «si Dalí y Eluard no hubiesen encontrado a Gala, nunca hubiesen sido Dalí ni Eluard». Nueva York, en el Paseo de la Habana ? veces, las ciudades pierden las fronteras y esa circunstancia hace que con muy poquito podamos disfrutar de grandes artistas que pocas veces visitan nuestro país. Ayer pasó. fue en Calle 54, que con el paso que lleva va camino de convertirse en lugar imprescindible de buena música en todo el territorio nacional. Vino Ron Carter y Nueva York se instaló de lleno en el Paseo de la Habana. Con el restaurante lleno hasta la bandera, como siempre, cuando pasados unos minutos de la medianoche, comenzó el arte a fluir, nadie osó respirar para no interrumpir al maestro. Durante hora y media deleitó a los presentes y provocó el aplauso en numerosas ocasiones. Treinta y cinco años en el jazz le han convertido en una de las voces más distinguidas del contrabajo. Nacido en Fernandale, Michigan en 1937. comenzó a tocar el cello a los diez años para después cambiar al contrabajo. Graduado en la Escuela de Música de Manhattan, desde principios de los sesenta trabajó al lado de grandes líderes como Chico Hamilton, Julian Cannonball Adderley, Eric Dolphy y Jacki Byard. En el año 1963 marcó su reunión con el pianista Herbie Hancock, el baterista Tony Wiliams y, un año después el saxofonista Wayne Shorter, para convertirse en el grupo de jóvenes músicos que suplirían al legendario quinteto del trompetista Miles Davis. Desde fines de los cincuenta, sus diversas actuaciones habían incluido a ejecutantes de la talla de Red Garland, Wynton Kelly y Bill Evans en el piano, Adderley, Sony Rollins y Jonh Coltrane en el saxofón, Paul Chambers en el contrabajo, y JimmyCobb y Phily Joe Jones en la batería. El mejor cine independiente y de autor hecho en Canadá en el último año tiene, durante todo el mes de julio, un hueco en las pantallas madrileñas. La Casa de América y el Cine Doré, sede de la Filmoteca Española, acogerán la proyección de nueve largometrajes que reflejan «la creatividad y diversidad de este país», según afirmó ayer Virginie Lévesque, portavoz de la Embajada de Canadá, en la presentación de la II Muestra de Cine Canadiense. El preestreno de Ararat, la última película del director Atom Egoyen, es el plato fuerte del festival. Considerado internacionalmente el nombre puntero del nuevo cine de su país, el cineasta bucea en el enigma de la identidad personal, sexual y cultural través de una serie de momentos íntimos. El largometraje Expecting, ópera prima de la directora Deborah Day, inaugura la muestra. Una buena ocasión para llenar los vacíos estivales conociendo lo más innovador del cine canadiense.