El escritor coruñés publica ahora en castellano «Mujer en el baño» (Alfaguara), una recopilación de textos de los últimos cuatro años
13 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.-Dice que entre sus novelas hay hilos invisibles, ¿los hay también entre los artículos de este libro? -Sí, tienen una coherencia, la de preguntarse el porqué de las cosas. Una pregunta esencial que tiene algo de manifiesto y que no debemos de dejar de hacernos. Vivimos en una sociedad anfetamínica donde se pierde un poco la conexión entre las conductas y los hechos, como si no hubiera una causalidad. -Uno de los temas que se repiten es el de la condición femenina. -Es una obligación masculina ser feminista hoy. Si alguien viene del exterior a esta pequeña región que se llama Tierra, un drama que le sorprendería sería la violencia contra las mujeres, que se manifiesta de manera espeluznante. En un barómetro humano de la lista de las cuestiones contemporáneas, la violencia doméstica debería estar en primer lugar. -Otro de los temas que trata es de la creación artística, ¿quizás para recordar que la cultura no es tan minoritaria como dicen algunos? -Sí, ironizo con que los gustos mayoritarios en función de los que se toman decisiones importantes como la programación de una televisión pública o la política cultural y la realidad no tienen nada que ver. Hay días que es imposible escuchar nada que no sea fútbol en la radio o no ver espectáculos de exhibición de intimidad en la tele. Pero vas a las bibliotecas y están llenas, en los museos ves colas... -Y todo lo cuenta con mucho sentido del humor. -Me gusta utilizar la ironía porque te sirve para darle la vuelta a cualquier cuestión. Este libro tiene unas dosis de saudade, y bastante humor. La fórmula podría ser H2M. En la medida de lo posible, todos deberíamos afiliarnos al Partido de la Risa. -En sus escritos se entrevé una personalidad contradictoria: creador de opinión y poeta, trotamundos apegado a Galicia... -Sí. Me siento como esos indios de las películas que cabalgaban al revés. Antes hablaba del Partido de la Risa, pero los escritores y periodistas debemos formar parte del Partido Inconformista. En caso de duda, cuestionar el poder. -Como voluntario de Nunca Máis, ¿qué análisis hace de las últimas elecciones locales en Galicia? -Hay que hacerse esta pregunta: si no hubiese existido un clamor como el de Nunca Máis, ¿en qué situación estaríamos? Ha sido una lección positiva, están cambiándose leyes y aumentándose las indemnizaciones. Era una cuestión de conciencia. Y las elecciones han sido un adiós democrático a un estilo de gobernar. -¿Sí? -Es necesario desmontar números de prestidigitación, como por ejemplo, presentar como escaparate lo de Muxía, porque el resultado global es muy significativo. Casi equivale a una revolución democrática. En Galicia, el partido gobernante perdió cuatro veces proporcionalmente a lo que ha perdido en el resto de España, siendo Galicia el principal hórreo granero de votos. Hoy en día el fraguismo ya no controla ni las grandes áreas urbanas ni las semiurbanas, se ha quedado con los yacimientos tradicionales. Ha habido una denuncia contra la desinformación y contra la relación feudal del poder con el ciudadano. -Mucha gente esperaba quizás otros resultados tras las manifestaciones. -Bueno, por primera vez en Galicia, el voto crítico superó en 100.000 votos al partido gobernante. Y eso teniendo en cuenta que el poder desplegó al final toda su maquinaria pesada. En Muxía, por ejemplo, se pasó del abandono total al achuchón. Que veinticinco habitantes de Muxía no votaran al partido que votaban antes... son unos valientes que deberían figurar en un monolito, ya que se inauguran tantas placas. -¿Cómo ha sido la experiencia de ver en el cine «El lápiz del carpintero»? -Es una película muy arriesgada, muy emotiva y una magnífica ópera prima. Sé que la crítica ha sido controvertida, pero lo que tengo claro es que es mejor que el noventa por ciento de las películas que se pueden ver ahora en el cine. -En algunas quinielas de premios, como el Planeta o el Alfaguara, se ha oído su nombre... -Yo no me he presentado ni me voy a presentar nunca a estos premios, pero también respeto a quien lo hace. No estoy en esa carrera.