| RETRATOS |
02 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA MARI PEPA (léase Esperanza) se ha quedado sin verbena. El Felipe se ha ido con otra a bailar el chotis madrileño autonómico. Al arrimo de poder, que es menos romántico pero de más postín. La sosías de Mari Pepa no ha tenido el garbo suficiente pa' llevarse al Felipe al huerto... Demasiao estrecha pa' los tiempos que corren, que diría un castizo. El caso es que mientras una parte de Madrid disfruta de la fiesta, otra se queda, como la Mari Pepa, con tres palmos de narices, porque le han chafao su verbena. Este es, en líneas generales, un remake de La verbena de la Paloma, en versión actualizada a 25 de mayo de este año, que ha variado la letra y la música del chotis. Ahora lo bailan en el mismo ladrilllo -como está mandao- una pareja de conveniencia: Simancas y Fernández, que entre los dos han dejado a la Esperanza pa'vestir santos. Todavía es pronto para saber si la pareja del chotis va a marcar bien los pasos o se van a pisar los callos, pero se comenta que están muy bien avenidos y que se pondrán de acuerdo aunque se salgan del ladrillo, y en vez de chotis se marquen un bolero o un tango agarrao... En todo caso, muy agarrao. Están en su verbena y bailan lo que quieren. Mientras tanto, en La Corrala, el Isidro (léase Alberto) ha tenido mejor suerte en el requiebro electoral y ha derrotado a la Trini, que pretendía ser la gobernanta de la vecindad. En este barrio madrileño, el Isidro es el chulo que castiga. Antes era el amo de la verbena comunitaria y ahora es el jefe de La Corrala municipal. Dicen que ha perdido en el cambio, porque los del chotis se han quedado con la fiesta y la mayor tajada y pueden disfrutar de una pasta gansa y lucirse si quieren y saben, como ya hizo el Isidro. Porque Simancas y Fernández cuentan con un presupuesto de dos billones de pelas (suena mejor que en híbridos euros, que es mucho menos) para gastar, y eso da un barniz de poderío enorme y aunque dicen -los pobres envidiosos, claro- que el dinero no da la felicidad, con tanta pasta como tienen éstos se puede comprar la gloria. Vamos, que les ha tocado la Primitiva política, y eso que jugaban pocos boletos. En este chotis político-madrileño, el Ayuntamiento toca el organillo mientras la Comunidad baila en la verbena autonómica. Sin embargo, se da la paradoja de que el recién elegido organillero antes era el rey del baile y, además, tocaba el organillo municipal, reduciendo a la condición de comparsa al organillero oficial. Pero después del 25 de mayo, cada uno ha vuelto a su papel, porque los del chotis se sienten fuertes y bravucones y a la Esperanza sólo le queda el consuelo de que la saquen a bailar. Esta metáfora zarzuelera necesita una traducción para los no iniciados en el género. En la Comunidad de Madrid, el presidente y el alcalde de la capital bailan el mismo chotis en el mismo ladrillo. Ruiz Gallardón, con un presupuesto dos veces billonario y cinco veces mayor que el del Ayuntamiento, se propuso apabullar a su pareja y lo consiguió. A base de talonario y de un ambicioso programa de imagen personal, logro ser considerado como un superalcalde de Madrid, con sus importantes obras de infraestructura y transporte como bandera. Ahora, cuando desciende a la condición de alcalde, se va a encontrar con un gobierno regional que pretenderá bajarle los humos. El fallo técnico de Esperanza Aguirre (aunque, en honor a la verdad, el fallo es de quien la designó) ha modificado el guión. Sin embargo, Alberto es capaz de hacer malabarismos con su vara de mando y, por supuesto, no va a tener reparos en compartir el ladrillo madrileño y bailar con quien sea. El alcalde Gallardón que aspira a bailar el pasodoble español y el chotis político-madrileño es un requiebro de verbena.