En su primer libro, «Pendientes de la noticia», la periodista retrata la política española desde la Transición hasta hoy. Felipe González le ha escrito el prólogo
10 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Espectadora privilegiada de muchos de los acontecimientos más importantes de la historia reciente, decidió escribir Pendientes de la noticia (Planeta) el día que se decidió otorgar una medalla a Melitón Manzanas, el comisario torturador asesinado por ETA. -¿Qué momentos informativos recuerda con mayor emoción? -Sin duda, la muerte de Franco y las primeras elecciones, porque yo tenía muchísimas ganas de votar. Y, desde el punto de vista internacional, lo más fuerte ha sido Tiananmen, la revolución estudiantil china que viví durante cinco semanas. -Hablando de momentos fuertes: cuenta usted que, el 23F, su primera sensación fue de rabia por no estar en el Congreso. -Yo me pasaba la vida en las Cortes, incluso en las de Franco. Estaba en el País Vasco, y pasó lo más gordo que ha pasado en este país. Por encima de todas las demás cosas, me preguntaba cómo me lo había perdido. -Ha procurado que en el libro se note quién le gusta y quién no. -El que sale peor parado es José María Aznar, que me parece un tipo mezquino y antipático. No saludarme en los viajes y negarme la palabra en una rueda de prensa es una falta de educación. De Fraga, en cambio, hablo con mucho cariño: ni le voto ni quiero que me gobierne, pero como personaje político es entrañable. -¿Y Felipe González? -Como cuento sus luces y sus sombras, a lo mejor he escrito alguna cosa que no le gusta, como sus peleas con Guerra. -Viajó mucho con Felipe. -La verdad es que viajar con Felipe estaba bien, él es muy simpático y nunca dice que no a las preguntas. -¿Con qué políticos mantiene trato? -Con Felipe algo menos, pero tengo un trato muy frecuente con Arzalluz, con Carrillo, con Roca... Los únicos políticos que me interesan son los que tienen ya más de 60 años. Los debates parlamentarios ahora son un rollo, antes eran apasionantes. Tenía mucho más fuste político Felipe que Zapatero, Fraga que Aznar, Arzalluz que Ibarretxe... Es el signo de los tiempos.