Más policía que estudiantes

ESPAÑA

JUAN LÁZARO

Sólo unos pocos jóvenes se atrevieron a festejar las vacaciones ante el enorme despliegue de seguridad

20 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

«Se están perdiendo las costumbres navideñas», asegura Andrés. En contra de lo que pudiera parecer, quien así se expresa no es un anciano nostálgico sino un joven de 16 años, apesadumbrado porque este año no le han dejado celebrar a lo grande en la Plaza Mayor, con espuma para arrojar a diestro y siniestro, el inicio de las vacaciones navideñas. Un impresionante aunque discreto despliegue policial se encargó ayer de calmar los ánimos de los estudiantes que, con justificados deseos de fiesta, acudían a los aledaños de la Plaza Mayor. Los agentes no escatimaron esfuerzos para impedir que la diversión se confundiera con el vandalismo. Cuando los jóvenes llegaban a la zona de bares a última hora de la mañana, recién obtenida su l icenciatura navideña, se encontraban con grupos de policías que requisaban objetos considerados peligrosos o simplemente sospechosos de servir para el vandalismo, como aerosoles, botes de espuma y similares. Desilusión Como resultado del despliegue, muchos optaron por abandonar la zona, con lo la que la normalidad en el centro de Madrid fue la nota dominante. «Nos tratan como delincuentes cuando no hemos hecho nada», aseguraba un grupo de estudiantes con frustradas ganas de juerga. Tampoco los bares del centro contribuyeron este año a animar al personal. Si otros años se había ofrecido a los estudiantes con generosidad bebida a precios de oferta, ayer no eran pocos los que impedían la entrada a estos mismos clientes. En previsión de males mayores, también los tradicionales puestos navideños y de venta de abetos habían cerrado sus puertas. «Me habían dicho que en esta zona si presentabas las notas te daban un mini de cerveza con cada suspenso», aseguraba una decepcionada Susana, que veía esfumarse su oportunidad de beber gratis. No en vano acumulaba cuatro deficientes en su expediente. Lo cierto es que, lejos de regsitrarse alboroto, la Plaza Mayor se encontraba más tranquila de lo normal. Tanto, que algunos puestos optaron por reabrir por la tarde. El despliegue de seguridad pareció excesivo. No fue para tanto.