DESDE EL CENTRO
10 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.No está mal en época como la que vivimos de descalificación más que de confrontación política, un ejemplo como el de ayer en la Biblioteca Joaquín Leguina que la Comunidad de Madrid ha inaugurado en la antigua fábrica de cervezas El Águila. Un acto de justicia con el que fuera primer presidente regional de Madrid, Joaquín Leguina, que estuvo en el acto inaugural y al que puso broche con sus palabras. Justicia histórica y no sólo porque un gobierno de Joaquín Leguina fue quien ideó el proyecto ahora consumado, sino porque la Comunidad Autónoma de Madrid -una región sin vocación autonómica- debe su primer impulso a su anterior presidente. Hace algunas semanas, Ruiz Gallardón, presidente que sucedió a Leguina, dijo que si éste hubiera sido candidato socialista a la alcaldía de Madrid él no habría aceptado serlo por el PP. Es una muestra más del respeto que se tienen ambos políticos no exento de un afecto que se respiraba ayer en la fiesta inaugural, en la que Vargas Llosa definió la biblioteca como una extraordinaria fábrica de sueños. Leguina tuvo un sueño, bien es cierto que más amplio que el ayer inaugurado (preveía auditorio, salas de danza y teatro y galerías de exposiciones) a imagen del Centro Pompidou de París (de ahí que popularmente se conozca la biblioteca como «el Leguidú»). Y ayer lo vio hecho realidad. Ahora quienes pueden soñar son los madrileños que acudan a consultar libros o documentos. Y todo lo demás -añado yo- es sólo pesadilla: por ejemplo, el eructo de Ángel Pérez, portavoz de IU en la Asamblea, que dijo irónicamente (¿) que «han tardado (en construirla) menos que la de Alejandría».