Este político eficaz y buen organizador será proclamado presidente del PP de Madrid
19 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Miradle bien y notaréis en sus ojos tanta severidad como confianza; tanta serenidad como autoridad. Ni siquiera sus profundas entradas le alejan de una juventud que lleva más en su capacidad de ilusión que en su carné de identidad (dentro de un mes cumplirá su primer medio siglo de vida). Tendréis la tentación de llamarle el «fontanero de los populares madrileños»; rechazadla porque, en todo caso, su oficio está entre la orfebrería y la arquitectura (es arquitecto de la dirección general de Bellas Artes del ministerio de Cultura y se ha especializado en la reconstrucción de monumentos históricos). Miradle cuando sea ratificado por aclamación presidente del PP de Madrid en el XII Congreso regional que hoy se inicia, y lo más próximo a su gesto tendréis que buscarlo en aquella noche de marzo del 2000, cuando fue literalmente obligado a salir al balcón de la calle Génova para compartir alegría por el más espectacular triunfo del centro-derecha en unas legislativas, al que contribuyó no poco como coordinador de Organización a nivel nacional. Se llama Pío García-Escudero Márquez y es prototipo de lo que se ha dado en calificar de «hombre de partido». Sin más ambición que el servicio al partido, sin más objetivo que mantener su unidad, porque sabe que el electorado castiga la falta de ella. Arquitectura del PP Tiene en su cabeza los planos de los castillos de Segura de León y de Puebla de Alcocer, y la fachada plateresca de la universidad salmantina -cuyas restauraciones él dirigió-, pero también toda la arquitectura del PP de Madrid, en el que dirigió la construcción del monumental edificio de tres mayorías absolutas consecutivas en el Ayuntamiento de la capital y dos en la Comunidad, además de ir decolorando el llamado "cinturón rojo", que impedía mayorías de centro-derecha en los grandes municipios de Madrid. Es el Congreso de Pío García-Escudero, porque ni en las épocas de mayor distanciamiento entre Moncloa y Puerta del Sol (entre Aznar y Ruiz-Gallardón), tuvo la tentación, que sí la tuvieron otros, de ahondar en las diferencias sabedor de que ambos son dos activos necesarios para el PP. Y hoy veremos a un reforzado Ruiz-Gallardón candidato a la alcaldía de Madrid, cuando todos le dábamos como obligado aspirante a una tercera mayoría en la Comunidad; y a una Esperanza Aguirre candidata a la presidencia de la región, cuando todos la señalábamos como segura candidata a la Alcaldía de la capital. Pío García-Escudero ha tomado nota ya del futuro que viene; tiene a buen seguro táctica y estrategia para la «batalla de Madrid», que el PSOE considera decisiva como plataforma para reconquistar el gobierno de la Nación en el 2004. Miradle bien, y no esperéis una sola frase estridente; ni siquiera hablando con él de toros, que, después de su familia (está casado y tiene dos hijos) y la política, es su otra afición.