AL NATURAL
05 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.UNO nota que cada vez más todos volvemos la mirada a la infancia. He pasado unos días en Palencia por San Antolín; y de Madrid llegaba un reguero de amigos que ni siquiera sabía que eran palentinos. No ha faltado aquí Ramón Calderón, con toda su familia, una tribu de gente guapa, de ojos azules, pelo rubio y aspecto de casa real europea. Ramón es un apasionado de los toros y directivo del nuevo Real Madrid. Ramón me habla de Florentino Pérez con la misma vehemencia que antes ponía en las barricadas contra los últimos presidentes blancos. Ha pasado de beligerante con el poder a la felicidad de haber encontrado un presidente idóneo para el mejor club del siglo. Lo cierto es que Florentino es la contraimagen del dirigente chulesco, mafioso, medrador y prepotente; pero desde la aparente normalidad es una especie de Aladino capaz de hacer realidad los sueños de la masa social. Y eso es lo que gusta. Los aficionados a cualquier club son capaces de reverenciar a tipos como Gil o Lopera o Gaspart, trileros, usureros o ultras. O sea, que aceptamos como bandera a sargentos chusqueros de palabra gruesa, de vanidad extrema y de insoportable petulancia. Ahora los del Real Madrid tenemos un padre patrón de aspecto reconocible, sin alardes de poder, que apenas se cambia de corbata, que sabes que no te va a quitar la cartera, que no echa sermones, ni santiaguinas ni lorenzinas y que, eso sí, sabes que cada noche de Reyes te va a dejar en el balcón de los sueños un Figo, un Zidane o un Ronaldo rodeado de un puñado de pavones y portillos . Todo lo que uno sueña cuando volvemos la mirada a la infancia.