Algunos pensaron que ETA había causado el apagón televisivo, que hizo que muchos madrileños tuvieran que cambiar sus planes al no poder contemplar la «caja tonta»
28 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Agosto, Madrid, mal tiempo y sin televisión. Este argumento, casi de película de terror, lo vivieron ayer miles de madrileños hacia el mediodía. Mientras tanto, la centralita de Televisión Española no dejaba de recibir llamadas de personas que preguntaban si el incendio de Torre España se debía a un atentado de ETA. Hubo quien afirmó que el teletexto de Antena 3 lo había dicho. El nerviosismo entre los trabajadores del Ente Público era evidente. En casa de Ángel y Manuela el «drama» fue in crescendo. A las 14.30 se fue la imagen de todas las cadenas, menos de la 7, una local que emite sobre todo noticias del corazón. Mientras Ángel se une desesperado al resto de vecinos para subir al tejado a arreglar la antena, Manuela ríe para sus adentros porque por fin puede «pasar» del telediario. La tele pequeña tampoco funciona, y eso que es de cuernos, así que los vecinos comienzan a impacientarse. «Será un atentado de ETA», comenta Dolores, la del segundo. «Pues seguro, porque de la antena no es», responde Paco, el del ático. De vuelta a casa empieza el lío. «Para ver eso del corazón es mejor apagarla», dice Ángel. «Ni hablar -responde Manuela-, si hubiera fútbol me tocaría tragármelo». La 7 deja de emitir también. Se acabó la discusión y empieza el problema real, el problema con maýusculas. «¿Y qué hacemos?», se oye. «No sé, no se me ocurre nada. Únicamente esperar». Paco, el del ático, dice que puede ser un limitador que hay en el otro portal. El desasosiego cunde entre el vecindario. Tampoco es el limitador. «Pues menos mal que los niños están durmiendo la siesta -dice Mari Luz-, si no a ver quién los aguanta en casa y sin tele». «Y lo peor es que tampoco funciona la radio, no sabemos qué pasa. Va a ser un atentado», explica el del tercero. «Manuela, vamos para casa que en la escalera no arreglamos nada», dice Ángel. «Ni en casa tampoco», afirma lacónica ella. En casa de Teresa, de 78 años y Pili, de 87, el apagón se vive también con desasosiego. «¿Qué vamos a hacer toda la tarde en casa y sin televisión?», se pregunta y se lamenta Teresa. La solución es muy recomendable: leer el periódico y las revistas del corazón. Sin embargo, cuando reciben la noticia de que el servicio se ha reanudado, su alegría es evidente. La normalidad las devuelve a la «realidad virtual» de los cotilleos y reality shows que copan la tarde televisiva. En cualquier caso, la peor parte se la llevó el primer bombero que llegó a Torre España a sofocar el fuego. Tuvo que subir a pie hasta la tercera planta, lo que le supuso casi media de esfuerzo, escalón tras escalón.