La tele caníbal

LUIS MARIÑAS

ESPAÑA

DESDE EL CENTRO

28 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ESPECTADOR se ha convertido en el último gran profesional de la televisión. La televisión ha reemplazado a la plaza pública. Para existir es preciso aparecer, sea como sea, en el nuevo «ágora electrónica». Lo ha demostrado Operación Triunfo y Gran Hermano , pero no es extraño que, en cualquier otro programa, un funcionario anónimo sea capaz de emocionar a millones de espectadores, rodeado de unos hijos llorosos, suplicando a su mujer que vuelva a casa. Se sabe que la tele recoge cualquier hecho real y lo convierte en un espectáculo. Así resulta que todos los espectadores piensan que pueden llegar a ser, en cualquier momento, los protagonistas: desde las parejas a la deriva, hasta los eyaculadores precoces, pasando por todo tipo de seudo-filósofos, comentaristas variopintos o famosillos a la carta. Cualquiera se puede sentir competente, tanto para distraer como para conseguir audiencias millonarias. Todos, cada uno en su género, tratan de hacer del medio un instrumento al servicio de su propia causa. Es la «tele caníbal» que digiere todo y que nos hace compartir unas comilonas en las que nosotros somos los invitados voraces. La imagen que se transmite es que cualquiera puede contar su historia; lo básico es ser convincente -llorar, berrear-, lo sensato no sirve. El debate de ideas es una imbecilidad; lo grotesco es lo que vende. En Estados Unidos se inventaron una serie de entrevistas con grandes criminales. Por allí pasó un joven que no sólo había asesinado a 17 negros, sino que después troceó sus cuerpos y los sumergió en un ácido que tenía en su bañera. Y pasó también Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, quien fue interrogado, como si fuera una estrella de cine. Describió el asesinato con tanto detalle que el entrevistador le dijo al final: ¡Gracias Mark, has estado fantástico! Resulta evidente que hasta los criminales conocen los códigos de la tele. Lo malo es que los informativos se ha acatarrado. Se han vuelto igual de caníbales.