27 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.
El delegado del Gobierno para la Inmigración, Enrique Fernández-Miranda, cerró filas ayer en torno al polémico antropólogo Mikel Azurmendi, al que ratificó al frente del Foro de la Inmigración, pese a que para ello tuvo que enfrentarse a un aluvión de críticas durante toda su comparecencia en el Congreso de los Diputados. Su intervención, motivada por las declaraciones de Azurmendi en las que aseguraba que «el multiculturalismo es una gangrena», estuvo marcada por el tono bronco y el enfrentamiento verbal con Izquierda Unida y, sobre todo, con el PSOE, que reclamó la dimisión de Fernández-Miranda por ser el «responsable político más desacreditado de la historia de la democracia española».