Francisco Javier Ansuátegui, delegado del Gobierno en Madrid
23 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«Soy dialogante con quien quiere serlo conmigo y absolutamente radical con quienes hacen de su interpretación de las normas la única e incompatible interpretación». Así se definió Francisco Javier Ansuátegui cuando tomó posesión como delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid. Este guipuzcoano de Elgoibar, nacido en 1937 y licenciado en Derecho, se ha caracterizado siempre por su poca mano izquierda. Su dimisión ha sido solicitada por toda la oposición y múltiples sectores sociales, como ecologistas, movimientos alternativos y otras asociaciones por dar órdenes de disolver concentraciones de manera violenta. Ansuátegui afirmó que Madrid iba a dejar de ser el «manifestódromo» del país, porque todos los días se celebran varias concentraciones públicas, muchas de ellas sin permiso gubernativo. Casado y con cuatro hijos, estuvo afiliado a UCD, AP y ahora al PP. Desde 1990 es abogado del Tribunal de la Rota, de la Nunciatura Apostólica de Madrid. Fue gobernador civil en Álava (con el primer Ejecutivo de Adolfo Suárez), Córdoba y Navarra, y delegado del Gobierno en la comunidad foral. En Madrid ha destacado por sus peculiares soluciones a los problemas. Tras el crimen de Pozuelo, en el que un moldavo asesinó a un abogado en su vivienda, recomendó a los ciudadanos que contrataran vigilancia privada. Cuando varios ayuntamientos madrileños firmaron hermanamientos con poblados saharauis, los anuló argumentando que el Gobierno español no reconoce a la República Árabe Saharaui Democrática. Ahora, tras el aumento de la delincuencia, no ha dudado en responsabilizar de ello al incremento de inmigrantes.