«Simularon volarme la cabeza con pistolas que no estaban cargadas»

C. CALVAR VALLADOLID

ESPAÑA

ALBERTO MARTÍN

Francisco Rodríguez, empresario secuestrado durante 373 días en Georgia Francisco Rodríguez acaba de ser liberado tras permanecer 373 días secuestrado en Georgia por un grupo de hombres armados que le mantuvo, junto a su compañero José Antonio Tremiño, en unas condiciones humanas e higiénicas terribles. Confiesa que, a partir del tercer mes de cautiverio, su moral se quebró y se consideró muerto. Cuatro días después del fin del secuestro, la libertad todavía le parece un sentimiento extraño: «No sé si existe el famoso síndrome de Estocolmo, pero yo siento todo lo contrario: odio».

12 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Francisco Rodríguez recuerda el día del secuestro «como un día gris, en el que me rompieron la vida». Aquel 30 de noviembre de 2000 le trae a la mente una desgracia más que le ha tocado vivir. -¿Qué fue lo primero que pensó cuando vio los fusiles apuntándole? -Pensé que eran policías, pues allí llevan pasamontañas y uniforme militar, que nos paraban para identificarnos. Cuando pegaron al chófer pensé que nos iban a robar. Después, nos llevaron. Ahí se nos vino el mundo encima. -Cómo eran los lugares en los que estuvieron retenidos? -Unos eran zulos donde sólo podíamos estar acostados; otros, pajares y graneros. Estuvimos siempre con una cadena al cuello. Teníamos que comer rápido, no aguantábamos sentados el peso de la cadena. -¿Cómo eran las condiciones higiénicas? -No existían. Hacíamos nuestras necesidades en un cubo y teníamos que tragarnos los olores todos los días. En un año, nos lavamos tres veces. Dos, porque dijeron que iban a liberarnos o matarnos. Siempre entregan los cuerpos sin barba, lavados y con ropa nueva. -¿Y el trato? -Nos trataron como a animales, a patadas. -¿Pasaron hambre? -Sí. Hubo días en que no hubo comida y nos negaron el agua. Yo he sentido el dolor que produce el hambre: es como un mono. -¿Alguna vez pensaron en escaparse? - Sí. A los quince días del secuestro, uno de los jefes me dijo que iba a pedir siete millones de dólares por nosotros, y, si en quince días no los pagaban, mataría a uno de los dos. Yo sabía que el Gobierno de España no iba pagar y que nuestras familias no podían. Así que intentamos durante dos semanas derribar el muro y romper una de las cadenas, que tenía un punto de soldadura, pero no pudimos. -¿Les permitieron saber lo que estaba ocurriendo en el mundo? -Nada. Sólo sobre el 15 de septiembre nos vinieron con la prensa y nos enseñaron dos fotos de las torres gemelas. Sonreían y estaban alegres. -¿Llegaron a creer que no saldrían de allí? -A partir del tercer mes nosotros nos dábamos por muertos ya. En una ocasión, les dije que quería morir. Dos veces hicieron un simulacro de volarme la cabeza con pistolas que no estaban cargadas.