Los llamados «últimos de Filipinas» dijeron ayer adiós a los cuarteles. En medio de un ambiente festivo, pero sin las tradicionales dianas floreadas, 858 jóvenes fueron licenciados en los distintos acuartelamientos del Ejército de Tierra. En días sucesivos recibirán la blanca otros 200 soldados y marineros de reemplazo del Ejército del Aire y la Armada, un hecho que supone el final de 231 años de servicio militar obligatorio en España. Sólo 5.000 de los 90.000 quintos llamados a filas este año entraron en los cuarteles. Un apretón de manos, una metopa -escudo enmarcado en madera-, un vino y mucha nostalgia entre los mandos han puesto punto y aparte a casi dos siglos de la historia militar y civil en España. El tercer reemplazo de 2000, que entró en el cuartel en marzo, deja la vida castrense. Despedida con pena La mayoría de estos jóvenes se van con pena, porque vinieron voluntarios. Es el caso Manuel Infantas Calella, de 20 años y natural de Villafranca de los Barros (Badajoz), que recibió su blanca en la Agrupación de Transporte nº. 1, en Madrid. «Me ha gustado mucho. Hice amigos y he aprendido a vivir sin los padres», explica Manuel. Este joven, tras nueve meses en filas, considera que no debe suprimirse el servicio militar, «tiene que volverse a poner, porque vienes como un tonto, como un niño y sales hombre: porque la mili te espabila». El coronel jefe de la Agrupación, Carlos Guerrero, les dirigió unas palabras de agradecimiento por «haber venido a cumplir, cuando podíais haberlo eludido».