La proeza de salir a la calle en Leaburu

La Voz

ESPAÑA

JAVIER ECHEZARRETA

JOSÉ ANTONIO BRAVO TESTIGO DIRECTO

16 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

INGUNO de ellos es Gary Cooper ni esto es una película del Oeste, pero a veces se ven obligados a actuar como si lo fueran porque algunos parecen querer convertir Euskadi en territorio salvaje. Mikel Uribe nació en Leaburu hace 44 años y allí lo mataron el pasado sábado. Lo trágico fue que quienes eran sus amigos desde pequeño ni siquiera ese día salieron a la calle para gritar de dolor. En realidad, ninguno lo ha hecho en las jornadas posteriores, salvo para hacer sus tareas habituales. En esta pequeña localidad guipuzcoana, situada en lo alto de un monte y apenas a tres kilómetros de Tolosa, manifestarse en contra de la violencia es toda una proeza. Por eso, sus compañeros en la policía autonómica quisieron dar la cara ayer, a pesar de no contar con el respaldo de los vecinos de Leaburu, temerosos de que alguien les pudiera dejar señalados de cara al futuro, a ellos o a sus familias. Medio centenar de ertzainas -entre ellos, un hermano de la víctima-, todos de paisano y con el rostro descubierto, se concentraron durante cinco minutos frente a la sede del Ayuntamiento batasuno, donde sólo está representado Euskal Herritarrok. Exhibieron sus ikurriñas con crespones negros y fueron ellos mismos quienes, al ver que la bandera del consistorio no presentaba ninguna señal de duelo, entraron al edificio y la bajaron a media asta. Para aquellos pocos y osados que en un pueblo de apenas cuatrocientos habitantes no apoyan las tesis de EH -que goza en las urnas del apoyo del 94% de los vecinos-, dejarse ver en la calle durante estos días supone todo un ejercicio de libertad. Sin embargo, el temor puede más que cualquier deseo y derecho por dar un grito de libertad. «Nadie puede obligar a dar la cara cuando mañana son ellos los que tienen que cruzarse con quienes utilizan la violencia como argumento».