DOCUMENTACIÓN
04 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La memoria de los tribunales está llena de casos que se merecen pasar a la historia del absurdo. Estos son algunos de los recogidos en La antología del disparate de Quico Tomás-Valiente y Paco Pardo: Vida licenciosa. En el juicio a dos acusados por violar a una mujer a quién conocieron en una discoteca, la Audiencia Provincial de Pontevedra prestó atención al hecho de que la víctima, «siendo separada y, por tanto, con experiencia sexual, mantuviese una vida licenciosa y desordenada, como demuestra que se encontrara sola en una discoteca a altas horas de la madrugada». El ATS. Una señora de 60 años denunció a un ATS de un centro ambulatorio por abusos deshonestos y el magistrado, en un alarde de comprensión hacia el acusado, dictó lo siguiente: «Florentina, algo confusa por el leve forcejeo sobre la bajada y la subida de la braga, malinterpretó el interés del ATS, suponiendo en él deseos libidinosos, pero es difícil que la denunciante, de 60 años, despierte esos instintos en el acusado, que por su profesión tendrá sin duda mejores oportunidades». Gramática. El Supremo rebajó una pena de cárcel, nada menos que en 23 años, a un padre acusado de introducirle los dedos en la vagina a su hija de dos años al considerar que «los dedos no pueden ser considerados como objetos para agravar la pena por un delito de agresión sexual» y «que la Historia informa de excelentes políticos autores de prácticas sexuales poco ortodoxas».