Resignación colonial ante el «Tireless»

PAVEL GÓMEZ Enviado especial GIBRALTAR.

ESPAÑA

Los gibraltareños critican la «injerencia» española en el asunto y en la Línea esperan que sea la tumba política de Caruana A escasos metros de donde está amarrado el submarino «Tireless» el litro de gasóleo está a noventa pesetas y la jarra de cerveza a casi setecientas. Un hombre paga la suya con un billete de cinco libras cuando se entera de que se le acerca un periodista español. «Oye, `listen to me'', somos nosotros quienes tendremos que decidir si se repara el `submarine''. Este es suelo británico, ¿comprendes? `Domestic matters'' (asuntos domésticos)». El patriota apura su cerveza y se marcha con su «spanglish», convencido de que la radiactividad entiende de contenciosos diplomáticos y no pasaría los férreos controles de la Guardia Civil en la verja.

11 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La preocupación en España por las reparaciones se percibe como una injerencia en su soberanía. Y es que, en Gibraltar, el nacionalismo lo empapa todo, desde la conversación a la colada. Las fachadas están cuajadas de banderas rojiblancas de La Roca, que ondean en el lugar más vistoso de la cuerda de la ropa, junto a camisas, calzoncillos y alguna Union Jack británica. Una visión tan surrealista como engañosa. Cuando se pone rumbo a los muelles empieza a multiplicarse un paisaje que recuerda que, ante todo, Gibraltar es una colonia de verjas de espino, señales de la Royal Navy y esos soldados anglosajones sin sentido del ridículo que llevan con toda seriedad sus exagerados pantalones cortos _que sin cremallera pasarían por slips_ con calcetines a juego hasta casi la rodilla. En Covent Place, 6 _o, simplemente, number six, como llaman los gibraltareños a la sede de su gobierno local_ tienen esa realidad colonial muy presente. Un consejero del primer ministro, Peter Caruana, nos recibe en un despacho adornado con seis cuadros, todos de La Roca, eterna fijación a uno y otro lado de la verja. «Mire, aquí lo que hay es concern en este tema. Es una palabra que no se traduce bien al español, porque quiere decir preocupación, pero sin alarmismos. Nosotros tenemos muy buenas relaciones con el MOD (el Ministerio de Defensa británico) y si ellos dicen que no hay peligro no hay por qué dudarlo. Lo que hemos hecho, como cuando a usted le diagnostican una enfermedad muy grave, es pedir una segunda opinión a tres médicos independientes, y después tomaremos una postura». Al otro lado de la verja, en La Línea, un funcionario de la corporación lo explica sin tantas vueltas: «Ésta puede ser la tumba política de Peter Caruana y ha querido ganar algo de tiempo. Está entre la espada de ser una colonia y una base militar y la pared de la gente, que no quiere que se repare allí el submarino». Lo cierto es que Caruana parece preocupado. Gibraltar es tan pequeño que resulta imposible no toparse con su primer ministro. Por más vueltas que se den, desde tierra es imposible ver el Tireless, varado en el espigón sur de Gibraltar. Se intuye su presencia a menos de 50 metros de uno de los check point, vigilado por dos agentes de la policía gibraltareña, pero oculto tras las naves de la base militar. Sin embargo, once libras _algo más de 3.000 pesetas_ son suficientes para sobornar a uno de los marineros y conseguir una vuelta de cinco minutos por «aguas del almirantazgo», que España reclama como suyas. Desde el agua se ve cierta actividad en torno al Tireless, en el que sin duda se está trabajando _aunque no necesariamente en el reactor_, pero resulta imposible acercarse demasiado.