Millares de personas se manifestaron en Madrid, Barcelona y decenas de ciudades para rechazar la violencia El presidente del Gobierno, José María Aznar, y el «lehendakari», Juan José Ibarretxe, fueron capaces ayer, por primera vez tras el fin de la tregua, de compartir la cabecera de una manifestación que, tras una pancarta en la que se leía «ETA no. Basta Ya», recorrió varias calles de la localidad de Durango. El motivo, la protesta contra el último atentado de la organización terrorista, que costó la vida, el domingo, al concejal del PP Jesús María Pedrosa. Pese a todo, protagonizaron un encuentro frío.
05 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.No hubo apretón de manos, sino un tibio saludo que no era más que el fiel reflejo de la abismal diferencia que separa a los presidentes de Madrid y Vitoria desde hace varios meses. El lehendakari, flanqueado por Aznar y el secretario general del PP, Javier Arenas, apenas intercambió palabras con sus compañeros de cabecera. La manifestación, que tuvo un recorrido de algo más de un kilómetro, transcurrió sin incidentes. Algunos esporádicos gritos de «Ibarretxe, kanpora» _«Ibarretxe, fuera»_, los mismos que se produjeron durante el entierro del dirigente socialista Fernando Buesa hace más de dos meses, fueron contrarrestados por los de un espontáneo: «Ibarretexe, luchador». Pese a todo, la unidad no fue total, hubo dos ausencias importantes, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, y el portavoz de esta formación, Joseba Egibar. Incidentes en Vitoria En Vitoria, la falta de previsión ocasionó la coincidencia en el tiempo y en el lugar de dos concentraciones contrapuestas en Vitoria. En la Plaza de los Fueros, al concluir la movilización pacífica convocada por Gesto por la Paz y el Foro de Ermua, los miles de asistentes se dirigieron hacia una veintena de manifestantes de Gestoras Pro-Amnistía que estaban a tan sólo veinte metros. La presencia de la policía no frenó el ímpetu de algunos que llegaron a arrancar la pancarta a favor del acercamiento de presos e incluso a agredir a alguno de los manifestantes. Inmediatamente después la Ertzaintza estableció un cordón de seguridad en torno a este grupo mientras eran objeto de la ira de los manifestantes. «Asesinos, asesinos. No sois nadie sin pistolas. Fascistas. Terroristas.» y un largo etcétera de descalificaciones fueron algunos de los gritos a los manifestantes a favor del acercamiento de los presos vascos. En Madrid y Barcelona, más de un millar de personas se concentraron en repulsa por el atentado, igual que ocurrió en otras ciudades españolas como Pamplona, Huelva o Córdoba.