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León XIV leyendo su discurso.
León XIV leyendo su discurso. Borja Suarez | REUTERS

La última escala de León XIV en su viaje apostólico a España son las islas Canarias. Ayer estuvo en Las Palmas de Gran Canaria y hoy los actos se desarrollarán en Santa Cruz de Tenerife, capital de la otra provincia. Los actos centrales en ambos casos tuvieron como protagonistas a inmigrantes, pues estas islas son uno de sus principales lugares de llegada a Europa... cuando consiguen llegar, pues muchos, miles de ellos, no lo logran.

En el muelle de Arguineguín, situado en la costa suroccidental de la isla de Gran Canaria y conocido como el puerto de la vergüenza, con asistencia de más de un millar de inmigrantes, León XIV no solo exigió respeto para ellos, sino también la implicación de los países de origen, de tránsito y de destino. Allí lanzó uno de los mensajes más contundentes. «A este punto llegan vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad», comenzó diciendo.

Agradeció los testimonios de inmigrantes, voluntarios y trabajadores antes de criticar la pasividad: «La Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados en las aguas». Y señaló el camino que deben seguir las autoridades: «El Mediterráneo y el Atlántico no pueden ser cementerios sin lápidas para la comunidad internacional —dijo recuperando una expresión del papa Francisco—. La acogida no puede ser algo secundario ni delegado a voluntarios».