Precauciones para admirar el eclipse sin dañar la retina

Marcos P. Maldonado

ESCUELA

Dos jóvenes ven un eclipse de forma segura utilizando las gafas homologadas
Dos jóvenes ven un eclipse de forma segura utilizando las gafas homologadas MARTINA MISER

Sigue estas recomendaciones para poder disfrutar del ocultamiento del astro del próximo 12 de agosto de forma segura. Aprende qué debes hacer y qué debes evitar para proteger los ojos

26 may 2026 . Actualizado a las 18:43 h.

 Ningún animal con ojos mira directamente al Sol, sin embargo, durante un eclipse solar muchas personas dirigen su mirada hacia él. Quizá no sepan que ese gesto provoca unos daños que pueden llegar a ser irreversibles. Para evitar eso vamos a analizar diferentes formas de ver estos fenómenos de forma segura y, como dice el lema, conseguir que «el eclipse se te grabe en la memoria, pero no en la retina».

El ojo: un frágil mecanismo de precisión

Para entender la importancia de protegernos bien, vamos a ver cómo funcionan los ojos. La luz que les llega atraviesa la córnea, que es como una ventana transparente que los protege del exterior. Esa es la primera barrera que se encuentra, pero verás que no es la única. Después de la córnea pasa por una capa de líquido denominado humor acuoso y entra por el círculo de la pupila, cuyo tamaño es regulado por el músculo del iris. A continuación, la luz atraviesa una capa más: el cristalino, que actúa como una lente capaz de concentrar la luz.

De momento ha pasado por la córnea, por el humor acuoso, por la pupila y por el cristalino, pero aún le queda llegar al final del camino. Justo después pasa por el humor vítreo —una especie de gel transparente que llena casi toda la estructura ocular— y, finalmente, la luz alcanza el fondo del ojo, donde se encuentra la retina. Esta consta de diez finísimas capas. Una de ellas está formada por células fotorreceptoras, que convierten la luz en impulsos eléctricos que luego viajarán hasta el cerebro a través del nervio óptico. Quizá te suenen las dos familias de células fotorreceptoras: los bastones y los conos. Gracias a los primeros somos capaces de detectar hasta 500 tonos de gris entre el blanco y el negro y gracias a los segundos percibimos los colores.

Para proteger este mecanismo tan complejo nuestros ojos tienen el guardaespaldas más rápido del cuerpo: un músculo que nos hace parpadear en apenas una décima de segundo. Este mecanismo salta en automático para protegernos cuando nos da de lleno una luz muy fuerte, como el flash del móvil o el sol directo.

Sin embargo, a veces nos saltamos este reflejo y nos quedamos mirando fijamente al Sol, como pasa cuando hay un eclipse total, un fenómeno que quizá sea la única vez que podamos ver en nuestras vidas. Pero ¿cuál es el problema de hacer esto sin protección? El principal riesgo está en que ni los conos ni los bastones están preparados para soportar durante demasiado tiempo una luz tan intensa. Lo que esa luz intensa provoca no es una quemadura, sino que activa reacciones químicas que liberan sustancias tóxicas capaces de provocar la muerte de estas células. Esta lesión se llama retinopatía solar, y su principal problema es que no te das cuenta en el momento, sino que sus primeros síntomas pueden aparecer horas o días después. Los que la sufren no suelen quejarse de dolor, pero sí de manchas oscuras en el campo de visión, alteración en la percepción de los colores, sensibilidad a la luz, visión borrosa o incluso pérdida total de la vista. A veces estos síntomas se suavizan o desaparecen con el tiempo, pero en muchos casos el daño es para siempre.

Un problema típico al ver un eclipse

Las estadísticas nos dicen que alrededor del 0,01 % de las personas que acuden a una consulta de oftalmología presentan una retinopatía solar. Aunque el origen puede ser el Sol, el daño también puede venir de otra fuente de luz intensa, como algunos sistemas de soldadura o un puntero láser. Hoy sabemos que los eclipses totales de Sol también son un factor de riesgo. En los meses posteriores a estos fenómenos los casos se multiplican.

En el 2017, un eclipse total recorrió Estados Unidos. En los dos meses siguientes se diagnosticaron 69 casos de retinopatías solares y, tras el eclipse del 2024 en ese mismo país, otras 80 personas resultaron afectadas por lo mismo. En algunas regiones los casos se multiplicaron por 20 respecto a temporadas en las que no hubo ningún eclipse. Para analizar el impacto podemos mirar también los datos que ofrece Google. Las búsquedas en internet de personas que preguntaban sobre molestias en los ojos también se dispararon a lo largo de la trayectoria de ambos eclipses.

¿Cómo puede verse de forma segura?

La observación de un eclipse de Sol supone estar pendientes de muchos factores: los cambios de temperatura, de color, de la cantidad de la luz en el ambiente, de la textura de las sombras de los árboles y del comportamiento de los animales, incluidos los humanos que nos acompañan. En este sentido, ver cómo la Luna oculta al Sol es solo una pequeña parte de toda la experiencia de vivir un eclipse, aunque es, innegablemente, la más atractiva para el público general.

Si quieres darte el gusto de mirar directamente al Sol durante este fenómeno solo hay una forma de hacerlo de forma segura: con las gafas de eclipse homologadas. Las puedes comprar en la mayoría de las ópticas por unos pocos euros. Estas gafas tienen una montura, casi siempre de cartón, en la que las lentes se han sustituido por una lámina capaz de absorber las radiaciones ultravioleta e infrarroja y que solo deja pasar una muy pequeña parte de la luz visible. En caso de que utilices gafas graduadas, puedes ponerlas por encima. Pero ten cuidado, nunca deben utilizarse con teleobjetivos fotográficos, prismáticos o telescopios. Estos instrumentos recogen una gran cantidad de luz y la concentran en un punto, por lo que superarían ampliamente la capacidad protectora del filtro.

Quizá hayas visto alguna vez fotos de astrónomos enfocando telescopios hacia el Sol. Ellos, como buenos profesionales, usan filtros especiales para reducir la luz que atraviesa el aparato. Su apariencia es metalizada, parecida a la del papel de aluminio. Sin embargo, no tiene nada que ver con ese material.

Además, en el caso de niños pequeños o jóvenes, hay que ser más cuidadosos. Las monturas de las gafas de eclipse suelen estar diseñadas para la cabeza de un adulto por lo que pueden ser peligrosas si no están bien sujetas. En estos casos siempre deben utilizarse bajo supervisión y durante unos pocos segundos de cada vez.

¡Cuidado con las chapuzas!

Es habitual que durante un eclipse algunas personas usen soluciones caseras para proteger sus ojos de la radiación solar. Probablemente hayas visto a gente usar radiografías, cedés, cristales de soldador, vidrios ahumados con una llama, bolsas de aperitivos o incluso varias gafas de sol atadas por las patillas. Pero ten cuidado, ninguna de estas opciones son buenas. Todos estos remedios ponen en peligro la salud de los ojos porque, aunque pueda parecer que reducen la cantidad de luz lo suficiente, dejan pasar radiación ultravioleta o infrarroja capaz de provocar las mismas lesiones de las que hablamos anteriormente.

Igualmente, si no te quieres arriesgar, puedes utilizar métodos indirectos para disfrutar del eclipse. Puedes ver una retransmisión a través del móvil o utilizar cajas de proyección: puedes hacer una en tu propia casa siguiendo estas instrucciones.

Recuerda que el eclipse es el 12 de agosto.